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Observatorio (OBS*)

versão On-line ISSN 1646-5954

OBS* vol.11 no.4 Lisboa dez. 2017

 

Estudiantes Informados: Gestión contra-informativa de los jóvenes chilenos en Facebook

Informed Students: Counter-information management of young Chileans on Facebook

 

Camila Cárdenas Neira*, Luis Cárcamo Ulloa**

*Universitat Pompeu Fabra, Spain

**Universidad Austral de Chile, Chile

 

RESUMEN

Las movilizaciones estudiantiles ocurridas en Chile desde 2011 han redefinido las formas en que son empleadas las tecnologías con propósitos políticos. Esto interroga acerca de cómo se modifica la participación de los/as jóvenes, quienes han identificado en las redes sociales nuevas maneras de acceder a los medios de comunicación tradicionales mediante la gestión contra-informativa de contenidos asociados al movimiento. El presente estudio de caso analiza la Fan Page de Facebook Estudiantes Informados, que actualmente cuenta con más de 190.000 seguidores de entre 18 y 24 años. La investigación emplea estadística descriptiva y análisis crítico del discurso para categorizar 190 posteos realizados en los meses de agosto y septiembre de 2011. Se concluye que los/as estudiantes reorientan estratégicamente las prácticas informativas hegemónicas, disputando la resignificación política. Esto responde a la fijación de marcos de interpretación colectiva formulados en cuatro niveles complementarios: cognitivo, discursivo, comunicativo e ideológico.

Palabras clave: Movimiento estudiantil chileno, Facebook, gestión contra-informativa, representaciones juveniles.

 

ABSTRACT

The students’ demonstrations that have happened in Chile since 2011 have redefined the way in which technologies are used for political purposes. This raises questions about the way in which youth’s participation is modified due to the fact that they have found in the social networks new ways of accessing the traditional media by the counter-informative management of contents associated with the movement. The present case study analyzes the “Estudiantes Informados” (Informed Students) fan page on Facebook, which currently has got more than 190.000 followers between 18 and 24 years old. The investigation uses descriptive statistics and critical discourse analysis, in order to categorize 190 posts written between August and September 2011. The conclusions show that students strategically readjust hegemonic practices, disputing the political resignification. This is explained by establishing frameworks of collective interpretation formulated in four complementary levels: cognitive, discursive, communicative and ideological.

Keywords: Chilean student movement, Facebook, counter-information management, young representations.

 

Introducción

Experiencias internacionales como el 15M en España (Toret, 2015) y #YoSoy132 en México (Rovira Sancho, 2013a) evidencian que las redes sociales desempeñan un rol trascendente en el empoderamiento de los/as ciudadanos/as, quienes se posicionan como sujetos capaces de ejercer poder horizontal e intervenir en la escena pública como agentes discursivos legítimos (Cárdenas, 2014a). Su uso por parte de la sociedad civil conforma una estrategia de representación relativa a la promoción de actividades y movilizaciones, configurándose una comunicación que se expresa a favor de las cuestiones relacionadas con las organizaciones de base que pueden interesar al público destinatario (Borges, Lessa & Oliveira, 2014).

En el caso chileno, las movilizaciones por una educación pública, gratuita y de calidad han gestado iniciativas en la web con el propósito de articular las acciones de protesta social a nivel nacional. La ocupación virtual mediada por ordenadores se acompaña de otras manifestaciones simultáneas arraigadas históricamente en las prácticas del movimiento estudiantil, las de las calles y las aulas. La convergencia de dichos espacios permite e intensifica lógicas de resemiotización (Martín Rojo, 2013) propiciadas por la movilización de significados en las esferas online y offline (Cárdenas, 2014b), configurando una dislocación de los lugares prestablecidos para la participación política.

El movimiento estudiantil se ha mantenido vigente durante los últimos años (2011-2015) apoyado del uso estratégico de las tecnologías con fines políticos. Éstas operan como importantes canales para la difusión de contradiscursos, propiciando una lógica de intermedialidad (Herkman, 2012) que resiste y modifica las formas unidireccionales de comunicación dominadas por las élites mediáticas. En este escenario, la actividad online de los/as estudiantes se concentra en usos contra-informativos asociados con: a) la reposición y discusión de noticias provenientes de la prensa tradicional, y; b) la creación y propagación de contenidos propios que cuestionan los mensajes periodísticos oficiales.

Investigaciones recientes explicitan una relación positiva entre participación política juvenil y redes sociales en Chile (Scherman, Arriagada & Valenzuela, 2013, 2014; Valenzuela, Arriagada & Scherman, 2012, 2014; Valenzuela, 2012a, 2012b, 2013): los usuarios frecuentes parecen más propensos a protestar porque se dedican a actividades que son compatibles con la acción colectiva, como el aprendizaje, el intercambio y la formación de opiniones sobre cuestiones sociales, potenciando con ello la construcción de una identidad común. No obstante, estos estudios no analizan los modos en que los/as estudiantes administran los contenidos circulantes en la web, en cuanto discursos que cumplen una función socio-cognitiva particular en relación con las necesidades de representación del movimiento estudiantil.

Este artículo se centra en el análisis de la fan page de Facebook Estudiantes Informados, sitio que se basa en la selección y la reapropiación de contenidos periodísticos que son valorados, comentados y difundidos por sus seguidores/as. A partir de la descripción estadística y el análisis discursivo de las publicaciones, planteamos que la función pragmática derivada de la reposición noticiosa remite a la construcción de una identidad colectiva que conecta la protesta online y offline mediante un conjunto de saberes implícitos. Éstos conforman entornos cognitivos compartidos (Sperber & Wilson, 1994) basados en memorias y creencias intrageneracionales, las cuales soportan los procesos de significación e interpretación juveniles.

En este sentido, proponemos que el uso que hacen los/as estudiantes de las redes sociales las constituyen como espacios de resistencia que se expanden como lugares de tensión y negociación de significados políticos. Dicho uso cumple con una función contra-informativa en contextos donde la criminalización de la protesta social es una práctica habitual de los medios de comunicación masiva (Rovira Sancho, 2013b). De este modo, los entornos mediáticos ocupados por los/as estudiantes expresan nuevas relaciones de poder pues, aun cuando se les confiera una posición subordinada en la prensa tradicional (Montecino, 2011; Pérez, 2012; Cárdenas, 2014a), en la comunicación online que ellos/as gestionan dichos roles se subvierten, equiparando su influencia.

 

Marco teórico

Hegemonía y contra-hegemonía informativa

La representación de los movimientos sociales constituye una práctica mediatizada que es objeto de permanentes pugnas simbólicas en la esfera pública, de allí que la dependencia que se establece entre medios y movimientos sea siempre conflictiva (Rovira Sancho, 2013b). La cobertura periodística influye en la formación de opiniones sobre las movilizaciones en virtud de los conflictos de interés de las élites simbólicas (van Dijk, 2009), en cuya base se encuentra la alianza del poder político con el mediático (Rovira-Sancho, 2013b). Para van Dijk (2003), resulta regular la configuración ideológica nosotros versus ellos; es decir, en tanto unos individuos hablan o escriben en calidad de miembros de un grupo se auto-representan en forma positiva y hetero-representan negativamente al opositor ideológico.

 

 

En el contexto actual, el uso de Internet ha transformado los procesos de comunicación (Castells, 2014), al tiempo que ha supuesto una serie de grietas en el control de la información (Rovira Sancho, 2013a). Así, los medios oficiales que persiguen una hetero-representación negativa de los movimientos, se confrontan en la actualidad a los manifestantes que emplean las tecnologías para promover una auto-representación positiva que reivindica sus luchas y sus causas (Cárdenas, 2014b).

Los movimientos sociales demuestran que las sociabilidades online y offline se complementan y refuerzan mutuamente, sin que exista una separación entre lo virtual y lo real (Castells, 2014), ya diluida en la cotidianidad. Bajo esta lógica, los movimientos se apoyan de las redes sociales para modelar y difundir esquemas interpretativos con los cuales orientan su protesta, aprovechan sus oportunidades políticas y conforman sus estructuras de participación. Estos procesos enmarcadores son fundamentales para la coordinación subjetiva (Tarrow, 2011), pues alinean un conjunto de intereses individuales, valores y creencias, así como actividades y metas grupales que resultan congruentes y complementarias (Snow et al., 1986). De esta manera, se establecen marcos interpretativos sustentados en el sentimiento de injusticia o indignación (Gamson, 1992), destinados a fortalecer la identidad y la acción colectiva. En este punto resultan fundamentales las interacciones a través de las cuales se concreta la hetero y auto representación de los actores movilizados, lo que posibilita la transmisión de normas, valores y pautas de comportamiento distintivas del movimiento, configurando la oposición entre un nosotros y un ellos que fundamenta la lucha ideológica y la afiliación grupal (van Dijk, 1999).

Las movilizaciones surgen a partir de la colisión de dos íconos políticos diferentes (Klandermans & Goslinga, 1999), como puede ser comprender la educación gratuita como derecho, o bien, como problema social. Por tanto, uno de los aspectos centrales que está en juego en dichos conflictos son las prácticas discursivas que se despliegan públicamente para expresar a la sociedad “lo que resulta de las luchas entre defensores de marcos diferentes” (Zald, 1999: 370), es decir, los modos como se establecen procesos de representación competitivos. En este escenario, las élites mediáticas al servicio de los poderes político-económicos despliegan numerosos recursos para imponer sus propias versiones, manipulando la visibilización de los movimientos sociales (Rovira Sancho, 2013b).

Dos planteamientos resultan adecuados para explicar el vínculo entre medios y movimientos. Basado en el paradigma consensual, Cohen (1973) propone tres modos sistemáticos de representación: a) exageración y distorsión: los medios enfatizan la gravedad de los eventos, focalizándose en hechos violentos y destructivos y desembocando en relatos criminalizadores; b) predicción: funciona como una amenaza implícita que anticipa que lo sucedido, inevitablemente, volverá a ocurrir, y; c) simbolización: deviene en la creación de cierto estatus (delincuente, antisistema) asociado a emociones y actitudes negativas.

De acuerdo al paradigma de la protesta, Boyle et al. (2005) proponen que la cobertura noticiosa forma un patrón repetido en varios contextos: cuanto más se aleja un grupo del status quo, es más probable que los medios actúen para estereotiparlo. Para McLeod (2007), este paradigma recurre: a) al enmarcado de noticias, b) la dependencia de fuentes oficiales, c) la invocación de la opinión pública, d) la deslegitimación, y e) la demonización.

Dado que los discursos de la prensa se establecen a partir del uso de factualidades como formas de describir y objetivar el mundo (Del Valle, Mayorga & Nitrihual, 2010), la cobertura periodística configura hechos funcionales a unas narrativas que aseguran la naturalización de las realidades construidas. Se observa que los medios son más susceptibles a la guionización y la dramatización de la acción de los movimientos (Gamson, 1989), presentándolos como básicamente efímeros y marginales, más que como el resultado de desigualdades en la distribución de la riqueza y el poder históricamente estructuradas (Murdock, 1973).

Ahora bien, frente a la estereotipización que hacen los grandes consorcios mediáticos, los movimientos desplegados en las redes sociales tienen el resguardo de que el poder local normalmente no interviene en el flujo de la información que gestionan. Los usos políticos de las nuevas tecnologías afectan las formas de representación dominantes, las cuales son transformadas por la pluralización del espacio público cuando los sujetos marginalizados se organizan en lugares alternativos (Millaleo, 2011), reivindicando su visibilidad. Una de las principales formas de pluralización es el carácter dialógico y/o nodal que supone la comunicación digital, en conjunto con la oportunidad de crear, administrar y difundir ideas propias con un carácter resistente. La conformación de comunidades virtuales colabora, entonces, en reforzar los núcleos organizativos y difundir información valiosa para el movimiento.

En esta línea, Cárdenas (2014), señala que las redes sociales como Facebook o Twitter han operado como importantes canales para la construcción de contradiscursos. “Lo que destaca de la actividad online de los estudiantes son los usos contrainformativos que han efectuado, tanto en lo que respecta a la gestión de flujos noticiosos provenientes de la prensa tradicional como en la creación de medios y contenidos propios” (Cárdenas, 2014b:61). Con ello han amplificado sus procesos de significación política, proveyendo marcos de interpretación comunes susceptibles de ser incorporados por otros grupos sociales. Moya & Herrera (2015) señalan que los medios sociales de la Internet 2.0 facilitan que los ciudadanos activos políticamente se constituyan en redes sociales, aporten a la movilización de sectores amplios de la sociedad que pueden alcanzar la categoría de “cuerpo de opinión influyente (…) (pues) aquellos que se sentían postergados por los medios y partidos políticos pueden ahora tomar parte activa en el debate político” (2015: 125).

 

Negociación de representaciones sociales

Si bien numerosos estudios constatan el rol de los medios de comunicación en la estereotipación de los movimientos sociales, no es posible sostener que el tratamiento que prejuzga a sus miembros tenga un efecto real de manipulación en las audiencias. Gamson & Meyer plantean que “para compensar el pesimismo de la retórica reactiva, los activistas recurren a una retórica del cambio optimista” (1999: 405), con la cual despliegan contra-argumentos que destacan el cambio social como algo urgente y deseable.

En este sentido, Gamson (1989) sugiere que la lucha de los manifestantes trabaja menos por incomodar a las autoridades y más por el efecto que puedan conseguir en la reformulación de los discursos mediáticos y su impacto en la ciudadanía. Aun cuando los medios pueden ejercer influencia respecto de lo que la gente habla, “no determinan cómo hablan de ello” (McCarthy, Smith & Zald, 1999: 419). Además, estos discursos no son el único recurso que las personas usan para construir significados, pues se basan, a su vez, en la sabiduría popular y en las propias vivencias (Gamson, 1992).

En este escenario, el uso de las tecnologías por parte de los actores movilizados organiza la interacción comunicativa en los entornos digitales, de manera tal que el lenguaje empleado les permite negociar representaciones sobre la realidad que les compete (Pardo, 2012). Un aspecto importante de esta negociación tiene que ver con cómo las comunidades online se apropian de los objetos sociales de su interés cuando disponen de una multiplicidad de información mediatizada sobre ellos (Pardo, 2007). De las formas como seleccionan, relacionan y organizan dicha información proceden maneras diferenciadas de tematizar los objetos en cuestión, con lo cual se jerarquizan y priorizan modos de acceder al conocimiento que los (re)definen.

Por ello es relevante contar con una aproximación socio-cognitiva para abordar el vínculo entre medios y movilizaciones, es decir, reparar en los procesos representacionales con los cuales se dota de sentido la acción de los movimientos. Si bien los medios se configuran como portadores y constructores de representaciones sociales con gran capacidad de penetración, los discursos noticiosos no conectan directamente con las mentes de las personas (van Dijk, 1990, 2002, 2010); éstos son procesados estratégicamente mediante la elaboración de modelos subjetivos, los cuales conjugan elementos relativos a la memoria y las experiencias previas, y la situación y el contexto específico en donde se insertan (van Dijk, 2011, 2012).

La interacción mediática abarca un conjunto de procesos mentales y unas maneras de producir y comprender discursos que motivan su interpretación estratégica (Pardo, 2009), lo que a su vez expande las formas tradicionales de comunicación, desestabilizando la hegemonía de los medios oficiales.

Dicho esto, se asume que uno de los mayores desafíos de los movimientos sociales es participar de la pugna por las representaciones sociales que modelan su acción colectiva. De esta forma, se constituyen conocimientos que se negocian y actualizan permanentemente en la esfera pública, mediante canales hegemónicos y contrahegemónicos que imponen filtros ideológicos a su circulación. La comunicación política efectuada en entornos online encubre, por tanto, un carácter significativo capaz de orientar la resignificación en red.

 

Juventud y tecnopolítica

Diversos estudios internacionales coinciden en señalar que el siglo XXI se caracteriza por una crisis de representatividad que aleja a los/as jóvenes de los asuntos políticos. Lo anterior conecta con un repetido diagnóstico sobre la apatía juvenil (Ward & Vreese, 2011), basado en la disminución de la participación electoral y la membresía en partidos (Theocharis, 2012). Esto se cumple en tanto son las formas clásicas de participación convocadas por la autoridad gubernamental “las menos legítimas para los jóvenes y las más restrictivas como espacio de expresión y colaboración” (Fernández, 2012: 129).

Las nuevas generaciones están involucradas en una tarea de redefinición de lo político (Bennett, 2003) que va más allá de los marcos institucionales, proponiendo otros espacios de actuación basados en las redes de relaciones interpersonales que les agregan valor. Es posible caracterizar a estos/as jóvenes como la “generación @” (Portillo et al., 2012: 140), la cual erige una política cotidiana que les restituye su ciudadanía mediante formas de compromiso emocionales, expresivas y estéticas (Harris, Wyn & Younes, 2010). En este contexto, las nuevas tecnologías desempeñan un rol gravitante (Feixa, Pereira & Juris, 2009) toda vez que colaboran en la visibilización sostenida de estas experiencias compartidas. Esto explica que ellos/as muestran una coherente inclinación hacia los entornos digitales por sobre los medios tradicionales (Herkman, 2012), a los que responsabilizan de la negatividad con que la sociedad percibe su acción colectiva (Bennett, 2003).

En el caso chileno, los/as estudiantes se han constituido en los últimos años como el actor social de mayor connotación y articulación pública (Portillo et al., 2012). Desde los años 2000, los/as jóvenes han venido erigiendo la educación como un campo de lucha política, revelando las relaciones de desigualdad y segregación que fomenta el sistema educativo neoliberal (Cabalin, 2012; Bellei, Cabalin & Orellana, 2014).

Lo que el movimiento estudiantil ha sido capaz de llevar adelante es un proceso de re-encantamiento con lo público que ha impactado en múltiples niveles las prácticas asociativas de la sociedad chilena (Aguilera, 2012). Los/as estudiantes han tenido la habilidad de traspasar la consigna “no al lucro” desde el ámbito específico de la educación a la sociedad en su totalidad, demostrando cómo las elites político-económicas han monopolizado y privatizado la mayor parte de los servicios básicos que, según los/as jóvenes, dejan de ser prestaciones para redefinirse como derechos. Por esta razón, este movimiento ha colaborado en “la refundación ética de la política” (Portillo et al., 2012: 159), lo que implica que la interacción y la socialización juvenil conforman registros de politicidad que se activan cuando ciertos imperativos así lo proponen.

Guiados por estos propósitos, los/as estudiantes han desarrollado un carácter contra-informativo bastante sofisticado, combinando el uso de medios tradicionales y mensajes propios con el fin de estructurar su protesta y mantenerla vigente en el tiempo. Es así como los entornos virtuales, en cuanto circuitos políticos (Tilly & Wood, 2010), funcionan como contraesferas públicas de deliberación que resisten las prácticas mediáticas heredadas por la dictadura militar (Millaleo, 2011), cuya expresión tangible es el control de la derecha empresarial de los principales consorcios periodísticos del país (Browne, Silva & Baessolo, 2010).

En este escenario, los/as jóvenes, en tanto consumidores de medios informativos (Arriagada & Schuster, 2008; Scherman & Arriagada, 2012a, 2012b) actúan también como productores de contenidos propios (Östman, 2012; Cárdenas, 2014a), de manera tal que estas nuevas experiencias de participación online juegan un papel destacado en la reformulación de actitudes, conocimientos y comportamientos políticos históricamente arraigados en la sociedad chilena.

 

Nuevas tecnologías, nuevas pedagogías: ¿Por qué informan los/as estudiantes?

Cuando las sociedades experimentan crisis de representatividad que son estratégicamente expuestas por los manifestantes, dicha contingencia propicia la emergencia de prácticas educativas propias de los movimientos, en cuya coyuntura la apropiación de la información constituye un bien social preponderante. En este contexto, los/as jóvenes “asumen un papel cada vez más significativo a la hora de fijar la agenda cívica y de fomentar formas más deliberativas de la política” (Buckingham & Martínez-Rodríguez, 2013: 12). Para Hernández, Robles & Martínez, los movimientos comportan un sentido pedagógico donde la educación reaparece “como un proyecto político en el que se toman decisiones como la construcción colectiva de conocimiento” (2013: 64), a partir del cual es posible negociar conceptos como los de justicia social, legalidad, ética, violencia, libertad, derechos y soberanía popular.

A partir de esta visión, pareciera que lo que intenta hacer el movimiento estudiantil es operar una revolución “que implica (…) una redefinición de los códigos sociales, una impugnación de las relaciones sociales y la creación de símbolos que ponen en duda el propio sistema de representaciones sociales hegemónico” (Portillo et al., 2012: 156). Reconocida esta disputa por los significados, el mayor logro del movimiento ha sido aportar a proponer el fin al lucro en la educación y extender ese giro ideológico en la sociedad, cuestión que equivaldría a un cambio de mentalidad, un cambio de paradigma sobre el sentido de colectividad (Jackson, 2012).

De acuerdo a Portillo et al. (2012), la lucha del movimiento estudiantil llama a poner atención en las modalidades en que lo social se vuelve visible, mediante la problematización de aquellas naturalizaciones y reificaciones que cotidianamente pasan desapercibidas. Asimismo, en conexión con el uso que hacen los/as jóvenes de las redes sociales, resulta importante analizar las reubicaciones de los lugares de enunciación en que se emplazan estos actores para expresar nuevas relaciones de fuerza, con el propósito de constituir en estratégico el control de codificaciones y matrices discursivas (Aguilera, 2014). Es en este contexto que las movilizaciones juveniles desafían la formulación de marcos teórico-metodológicos, que expliquen cómo se redefinen los usos y funciones de las tecnologías al servicio del cambio social.

 

Metodología

Tipo de investigación y propuesta de análisis

La investigación constituye un estudio de caso único (Stake, 1998) que busca obtener información desde diferentes perspectivas, priorizando su abordaje dentro de un contexto real (Yin, 1984). A su vez, se enmarca dentro de los métodos descriptivos, cuya principal herramienta es la organización por categorías (Sarriá & Brioso, 2001) de la práctica de gestión contra-informativa que realiza la fan page de Estudiantes Informados en Facebook (en adelante EI). Para ello se asumen técnicas cuantitativas y cualitativas.

Por un lado, el análisis recurre a la aplicación de estadística descriptiva para contar frecuencias y establecer clasificaciones que den cuenta del ejercicio contra-informativo aludido. Con ello se busca establecer: 1) las relaciones de EI con los medios de prensa oficiales, 2) los tipos de reposición noticiosa más recurrentes que estimulan los procesos de resignificación en red, y 3) las tendencias en la selección de contenidos periodísticos asociados al movimiento. Por otro lado, desde un análisis discursivo crítico con enfoque socio-cognitivo se relevan las principales representaciones en pugna sobre la acción política estudiantil, las cuales se derivan de los temas de las publicaciones y sus propósitos comunicativos explícitos e implícitos.

 

Caracterización del caso y definición del corpus

La investigación describe y analiza la fan page de EI, cuyo grupo de seguidores más popular se ubica en el segmento etario entre 18 y 24 años. Se trata de un espacio virtual creado el 6 de agosto de 2011, y que a principios de 2016 congregaba a más de 195.984 seguidores. Para justificar el interés del caso se comprueba que varios de los medios de comunicación más influyentes de Chile bordean cifras equivalentes a esta red social en el año 2013 (Cárcamo y Sáez, 2013).

EI se define como un medio contra-informativo que busca generar un espacio de discusión y debate sin censura sobre contenidos relacionados al movimiento estudiantil y otras movilizaciones ciudadanas. El sitio asume la gestión de la información bajo criterios de relevancia y síntesis: por un lado, eligen noticias cuyos contenidos proveen representaciones polémicas en relación con la acción política del movimiento y, por otro, la reposición se basa en la selección de cierta parte de la noticia, específicamente, su titular y/o bajada, proporcionando un mensaje conciso que capte con rapidez la atención de los/as lectores/as. A las noticias repuestas se suman los comentarios de los/as seguidores/as que las discuten, y las réplicas que se suceden entre respuestas confrontadas.

Desde EI se recoge el 100% de las publicaciones efectuadas entre agosto y septiembre de 2011, que suman un total de 190 posteos. Se selecciona este periodo por abarcar el ciclo más álgido de las movilizaciones estudiantiles en su primer año, el que coincide con: a) una amplia figuración nacional e internacional del movimiento, b) un momento decisivo en las negociaciones políticas entre dirigentes estudiantiles y autoridades de gobierno, y c) una proliferación de denuncias sobre la represión policial en contra de los manifestantes. Además, este periodo concentra el interés de otras investigaciones afines (Cabalin, 2014).

 

Análisis y resultados

Relación de Estudiantes Informados con la prensa oficial

EI selecciona más frecuentemente noticias de periódicos como La Tercera o El Mercurio, pertenecientes al duopolio mediático del país. En menor medida, se suman diarios nacionales alternativos como El Ciudadano, y extranjeros como Mesa Redonda de Cuba.

El gráfico 1 muestra que el 50% de la reposición noticiosa proviene de la prensa controlada por la derecha empresarial, lo que da cuenta de la confrontación que persigue EI respecto de los discursos atribuidos a los consorcios periodísticos de mayor difusión en Chile. La hetero-representación es empleada como una estrategia de desvelamiento de los intereses dominantes, ya que al destacarse posicionamientos editoriales que manipulan abiertamente la imagen del movimiento, se hacen explícitas dichas orientaciones ideológicas para la audiencia, estimulando su cuestionamiento.

 

 

Seguidamente, un 42% cubre publicaciones propias elaboradas por los administradores de EI sobre convocatorias a marchas o paralizaciones, apoyadas por textos breves, afiches o emoticones que dan cuenta de ciertos estados de ánimo que buscan darle transversalidad al conflicto educativo. Un 4% corresponde a vídeos ciudadanos repuestos desde Youtube, que usualmente muestran episodios de represión policial contra los/as estudiantes, y un 4% repone noticias de medios extranjeros o de izquierda, que destacan la adhesión a las demandas y el apoyo internacional a las movilizaciones. Por tanto, el otro 50% equivale a modos de auto-representación positiva alineados con las acciones juveniles.

 

Si bien ambos procesos de representación están en permanente confrontación, llama la atención que éstos se presenten en forma proporcional. Datos sobre la recontextualización de las informaciones y la selección de contenidos y temas ofrecen matices sobre este punto.

 

Recontextualización e interacción online en Estudiantes Informados

La fan page de EI ofrece dos grandes potencialidades: 1) la selección de recursos audio-escrito-visuales (Cebrián, 2009) para la creación de mensajes multimodales (Kress y van Leeuwen, 2006), y 2) la utilización de recursos para la interacción y la valoración propia como me gusta, comentar y compartir.

Internet provee múltiples recursos tecnológicos que soportan la construcción de los mensajes online, los que pueden realizarse en diversas modalidades semióticas, muchas veces en combinación. Tal como muestra el gráfico 2, EI dispone de ocho opciones de significación, entre las cuales destacan: a) emplear un enlace que recupera hipertextualmente el titular de una noticia, agregando un fragmento que la explica (50%), b) publicar un texto propio elaborado por los administradores (29%), c) utilizar imágenes acompañadas de un texto breve (12%), y d) utilizar un video acompañado de un texto breve (3%).

 

 

 

Estos usos hacen posible la recontextualización de las informaciones publicadas, en el sentido de volver a poner en contexto –en este caso, uno de exclusivo dominio estudiantil– las acciones referidas en otros textos de la web, haciéndolas pasar por un filtro ideológico particular (van Leeuwen, 2008). En este sentido, optar por unos recursos semióticos u otros no constituye una actividad neutral, sino que enfatiza unos modos de representar la realidad que los/as jóvenes eligen a fin de otorgarles funciones sociales específicas. Así, por ejemplo, es concordante la opción de emplear imágenes o vídeos para visibilizar la represión policial, o bien, emplear discursos propios para difundir declaraciones públicas que expresan la posición del movimiento sobre acciones de protesta polémicas (ocupaciones, huelgas de hambre, etc.).

En esta línea, es relevante analizar la construcción de representaciones juveniles a partir de los comentarios que discuten las noticias repuestas. Éstos conforman un espacio de enunciación múltiple caracterizado por su polifonía y heteroglosia, es decir, por recoger diversas voces y posicionamientos susceptibles de contestación directa. Esta interacción demuestra cómo se apropian los flujos hegemónicos y contrahegemónicos de información, modificando las posiciones de poder en la comunicación online: aun cuando los/as estudiantes tengan un lugar subordinado en los medios oficiales –construido fundamentalmente por el eje adultocentrismo/infantilismo-, en EI dichas posiciones se subvierten, igualando sus fuerzas.

En este sentido, la mayoría de los comentarios denuncian y responden a los intentos estereotipadores que los medios efectúan para deslegitimar al movimiento, señalando, en muchos casos, frases o conceptos textuales que colaboran en dicha representación (por ejemplo: “inútiles”, “subversivos”, “intransigentes”, etc.). Así, se observa un cuestionamiento sistemático orientado a desmantelar las versiones de la prensa, desmintiendo y añadiendo información para rectificarlas (por ejemplo, demostrando por medio de imágenes o vídeos la masividad o el carácter pacífico de las manifestaciones). Igualmente, se observa discrepancia entre los propios actores juveniles, quienes si bien no desconocen la manipulación mediática, sí opinan respecto de los hechos escenificados (por ejemplo: desórdenes públicos o decisiones políticas de los líderes estudiantiles). Esto demuestra cómo, a su vez, se producen ricas experiencias de resignificación que profundizan los sentidos identitarios afines a la movilización.

 

Tendencias en la selección de contenidos noticiosos en Estudiantes Informados

La reposición responde a la selección directa del titular y/o la bajada de la noticia, es decir, la gestión contra-informativa llevada a cabo por EI no se vale tanto de recursos verbales como de recursos socio-cognitivos: la resignificación surge precisamente de aquello que no se ha dicho, no obstante, comunica de forma latente. Así, por ejemplo, muchas noticias que recogen declaraciones de personeros políticos que se oponen a las movilizaciones, son repuestas a fin de rechazar y denunciar las prácticas que denigran la imagen de los/as estudiantes, sin que resulte necesario hacer estos alcances explícitos. Esto constata la importancia que adquiere la conformación de entornos cognitivos compartidos en los contextos de comunicación online, soportados por procesos inferenciales comunes a los/as interactuantes (Yus, 2010).

Según muestra el gráfico 4, los principales temas relevados por la reposición noticiosa son: a) las formas de protestar del movimiento estudiantil (70 posteos) durante el periodo más álgido de las movilizaciones en 2011; b) la actitud del gobierno hacia el movimiento (27 posteos), donde se explicitan las formas más comunes de criminalizar sus prácticas; c) la represión policial ante las manifestaciones (22 posteos), que denuncia medidas concertadas por el ministerio del interior para disolver las iniciativas de protesta, d) las negociaciones entre el gobierno y los líderes estudiantiles (16 posteos), que da cuenta de sucesivos intentos por resolver el conflicto, habitualmente frustrados por la inoperancia política y la radicalización de los petitorios; y e) la adhesión que logra el movimiento estudiantil desde otros sectores sociales (14 posteos), fundamental para evidenciar una indignación creciente que suscita el apoyo ciudadano.

 

 

Para explicar cómo logran posicionarse estos temas por sobre otros se considera la noción de relevancia pragmática (Sperber & Wilson, 1994; Yus, 2010), pues permite indagar en los cálculos que efectúan los/as administradores de EI para determinar aquellos contenidos noticiosos que pueden generar mayores reacciones (comentarios o discusiones). Se asume que la selección temática afecta la disposición ideológica de los lectores, dado que orienta la construcción de modelos mentales que soportan la interacción online, sustentándose en saberes y creencias comunes que fortalecen la auto-representación positiva del movimiento.

 

Dado que la reposición noticiosa emplea fragmentos textuales en sus publicaciones, conviene preguntarse bajo qué condiciones funciona la resignificación si no se agregan contenidos nuevos. La idea de política del silencio (Orlandi, 2012) permite explicar el rol de las ideas implícitas en la reformulación socio-cognitiva. El valor de lo no dicho es estratégico por cuanto permite establecer un macropropósito comunicativo nuclear: disentir de los significados impuestos por los discursos mediáticos hegemónicos, mediante la insinuación de finalidades veladas. Por ejemplo, aunque ciertas noticias informen sobre las reformas educativas propuestas por el gobierno, se implica que éste ha optado por medidas efectistas para no dar soluciones estructurales a las demandas de fondo de los/as estudiantes. Tales inferencias son, en efecto, confirmadas por las respuestas de los/as seguidores/as, quienes concentran el debate, justamente, sobre lecturas que rebasan una y otra vez los mensajes literales.

 

Discusión de resultados

Los/as estudiantes movilizados emplean las redes sociales para posicionarse ante los mecanismos de censura y estereotipación de la prensa oficial, exponiendo a la ciudadanía sus cuestionamientos frente a las lógicas de construcción informativa de las élites mediáticas, mayoritariamente alineadas con los poderes político-económicos de la derecha chilena.

EI negocia representaciones sobre la acción juvenil que involucran factores histórico-sociales relevantes para la comprensión del conflicto educativo. Esta disputa simbólica constituye el correlato de una confrontación material que opone el poder del gobierno –expresado en acciones legislativas (reformas educativas) y punitivas (contención policial)–, al poder de los manifestantes –evidenciado en acciones de protesta (marchas y paralizaciones) y de resistencia (ocupaciones físicas y convocatorias virtuales)-.

 

 

En este contexto, las informaciones provenientes de la prensa oficial resaltan la negativización de la protesta estudiantil (desestabilización del orden, violencia, intransigencia, falta de realismo etc.), mientras que aquellas difundidas por las redes sociales enfatizan los dispositivos de coerción y dominación de las autoridades (vigilancia, represión, inoperancia política, etc.). Estas representaciones polares sugieren que la acción política juvenil se modela a partir de un proceso de oposición dialógica que es actualizado en la web, en virtud del cual los/as estudiantes buscan minimizar los efectos manipuladores de los medios, al tiempo que amplifican los sentidos de pertenencia dentro de la comunidad que conforma EI.

Así, las principales funciones de esta práctica de gestión contra-informativa se organizan en cuatro niveles que operan simultáneamente. A nivel cognitivo proveen entornos compartidos que soportan procesos enmarcadores encargados de coordinar las creencias y las memorias de los/as estudiantes; a nivel discursivo conforman lugares de interlocución plural afines a los procesos de interpretación que reivindican las voces y los posicionamientos juveniles; a nivel comunicativo operan diversas estrategias para recontextualizar los contenidos periodísticos, proveyendo para su lectura nuevas lógicas de interacción, valoración y propagación, y; a nivel ideológico redefinen los flujos hegemónicos y contrahegemónicos que constriñen la producción de conocimientos sobre el movimiento, igualando las fuerzas políticas en disputa.

En suma, la difusión de contenidos propios que apelan a una auto-representación positiva se articula con unos procesos de resignificación cuya función principal es resistir la hetero-representación negativa, es decir, los/as jóvenes cambian estratégicamente el sentido de las prácticas informativas dominantes, empleándolas a su favor. Dicha resistencia responde a la fijación de marcos de interpretación colectiva que son sistemáticamente reforzados por EI, mediante publicaciones que abren canales de interacción dialógica y horizontal. Esto trae como consecuencia que ambos modos de representación sirvan a los propósitos de actuación e identificación del movimiento. De allí el poder que ostentan plataformas como Facebook para propiciar poderosas síntesis intersubjetivas en la comunicación online.

 

Conclusiones

Este artículo busca mostrar cómo el uso estratégico de las tecnologías provee a los/as jóvenes recursos simbólicos al momento de relevar aquellas experiencias políticas que reformulan su ciudadanía. Desde esta perspectiva, sobresale el carácter performativo de las movilizaciones estudiantiles (Arditi, 2015), toda vez que las acciones de los manifestantes impactan en niveles complementarios de la semiosis social, sugiriendo nuevos esquemas para interpretar y transformar la realidad cuestionada. Estas re-mediaciones expanden, a su vez, el sentido pedagógico que refundan los movimientos, recreando nuevas agencias juveniles comprometidas con un quehacer contra-educativo emergente.

La fan page de Estudiantes Informados constituye un caso de cómo los movimientos emplean las redes sociales para articular sentidos, acciones y oportunidades políticas, en contextos donde la manipulación informativa desafía la legitimidad de sus demandas. Los datos analizados responden justamente al período de mayor contingencia política del 2011, y para próximos trabajos queda la tarea de proponer algunos análisis diacrónicos que examinen el ciclo movilizatorio estudiantil en un periodo más extenso. Sin embargo, no cabe duda de que los meses de agosto y septiembre resultaron gravitantes para la consolidación de este movimiento juvenil de posdictadura, de allí que el análisis realizado pueda aportar un importante punto de partida y servir como referencia para otros estudios con intereses y objetivos afines.

Proveerse de espacios alternativos de comunicación impacta no sólo en la continuidad de las movilizaciones estudiantiles amalgamando las dimensiones online y offline, sino que, además y especialmente, permite a los/as jóvenes dotarse de sentidos comunes que extienden sus logros más allá de las conquistas factuales. En palabras de Castells, “el verdadero efecto que producen los movimientos sociales en (…) red (…) es el cambio de mentalidad, la transformación de la conciencia de las personas. Porque se comunican nuevos valores, y juicios (…), y se someten a debate, y van surgiendo nuevos consensos y nuevos desacuerdos en un proceso deliberativo” (2014: 13). De allí que la conformación de nuevos espacios de discursividad resulten decisivos para la resistencia, la negociación y la transformación de los significados sociales que los/as jóvenes reivindican.

Mover el horizonte de lo pensable y lo posible es una tarea generacional en la que los/as estudiantes chilenos persisten, de manera tal que siguientes investigaciones deben todavía precisar cómo y en qué sentido influyen estas prácticas comunicativas en procesos tecnopolíticos en constante progresión y dinamismo. Los resultados expuestos constituyen formulaciones iniciales que pretenden sistematizar dichas actuaciones a la luz de una experiencia concreta. No obstante, resulta imprescindible incorporar y contrastar otras iniciativas de gestión contra-informativa, en un escenario global que advierte transformaciones profundas en sociedades crecientemente movilizadas.

 

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