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Revista Encontros Científicos - Tourism & Management Studies

versão impressa ISSN 1646-2408

Encontros Científicos  n.5 Faro  2009

 

Modernidad, postestructuralismo y postmodernismo en las teorías de administración internacional

 

José G. Vargas-Hernández

PhD, Profesor Investigador miembro del Sistema Nacional de Investigadores

Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas

Universidad de Guadalajara. México

josevargas@cucea.udg.mx

 

RESUMEN

Este trabajo se propone analizar las teorías de la administración internacional centradas en la modernidad, el postestructuralismo y el postmodernismo como expresión de las correspondientes teorías organizacionales. A partir de la racionalidad de los elementos de las organizaciones modernas, se avanza al análisis de organizaciones en medios ambientes más complejos e inciertos en un contexto de procesos de globalización económica que finalmente inciden en profundas transformaciones culturales que afectan las prácticas administrativas locales de las organizaciones que operan en los ámbitos internacionales. Se adopta una posición crítica y cuestionadora de las teorías administrativas basadas en la epistemología occidental tienen sentido en el contexto no occidental como el postmodernismo que todavía están examinando el resto del mundo en términos occidentales.

Palabras clave: Administración Internacional, Modernidad, Postestructuralismo, Postmodernidad

 

Modernity, Post-structuralism and PostModernism in the International Administration Theories

ABSTRACT

The purpose of this paper is to analyze theories of international management centered on modernity and postmodernity as an expression of corresponding organizational theories. Starting from the rationality of modern organization elements, it advances the organizational analysis in more complex and uncertain environments in the context of economic globalization processes which finally lead to profound cultural transformations which affect the local managerial practices of organizations operating in the international realm. It has adopted a critical and inquiry position of managerial theories based on western epistemology which have sense in the no western context such as postmodernism which still is examining the rest of the world in western terms.

Keywords: International Management, Modernity, Post-structuralism, Postmodernity.

 

1. INTRODUCCIÓN

La complejidad de la realidad económico - social de las organizaciones en Latino América contemporánea es quizás pensada como una complejidad híbrida de ideologías, prácticas y condiciones de la premodernidad, modernidad y postmodernidad. Es a partir del análisis de la modernidad y postmodernidad como formas de sustentabilidad económico social, que la administración internacional de las organizaciones considera los supuestos que los modernistas asumen de que la función primaria de la organización económica es la producción, mientras que los postmodernistas asumen que la producción de cosas físicas es sobrepasada por la producción de bienes de información y servicios.

La racionalidad de la administración internacional centrada en los elementos de las organizaciones modernas tales como la estructura, el comportamiento, los procesos y teconologías han llevado a la investigación científica a un camino sin salida mientras se avanza al análisis de organizaciones en medios ambientes más complejos e inciertos en un contexto de procesos de globalización económica que finalmente inciden en profundos cambios yb transformaciones culturales que afectan las prácticas administrativas de las organizaciones que operan en los ámbitos internacionales.

Este trabajo adopta una posición crítica y cuestionadora de las teorías administrativas basadas en la epistemología occidental tienen sentido en el contexto no occidental como el postmodernismo que todavía están examinando el resto del mundo en términos occidentales.

 

2. MODERNIDAD

La más poderosa de las tendencias en la administración internacional del mundo contemporáneo es la modernidad. La modernidad se define como el desarrollo económico industrializado con una convergencia hacia la democracia liberal. La modernidad implica el desarrollo democrático y por lo tanto, es “la adopción del principio de que los seres humanos individual y colectivamente (esto es, como sociedades) son responsables de su historia” (Amín, 2001). La hipótesis central de la teoría del desarrollo centrado en la modernidad plantea que el desarrollo económico traerá consigo el desarrollo político.

Los inicios de la modernidad están marcados por una racionalidad que tuvo como fundamento ideas religiosas, la revelación, la opinión y la autoridad que mezcladas con intereses políticos y cánones en el siglo XVI da lugar a un modelo antropológico que en el Siglo XVII  deriva en el calculo con base en las matemáticas y la geometría. La modernidad desenlaza procesos de transformación en Europa desde el siglo XVII, los cuales provocaron rupturas con las relaciones sociales y el orden religioso prevaleciente en el último milenio. Con la modernidad se desarrolla un proceso de desculturalización que libera a los individuos de las relaciones sociales feudales y patriarcales, dando lugar a nuevas culturas democráticas. La modernidad libera a los grupos humanos de una visión religiosa del mundo que somete las relaciones sociales a estrictos comportamientos dogmáticos. Se agota el paradigma del objeto y se inicia un nuevo metamodelo centrado en el sujeto que fundamente al humanismo renacentista y la emergencia de la modernidad que rompe con el pasado subordinado al dogma religioso para concentrarse en las potencialidades intelectuales y morales del ser humano. Así, la fe se ha ajustado para cumplir con los requisitos de los valores de la modernidad, el laicismo y la democracia.

La Ilustración fue una tendencia que acompañó a la modernidad en un trayecto. Giddens (2001: 33-34)  delimitan la modernidad a fines del siglo XVIII y la identifican con el movimiento de la ilustración francesa caracterizada por el pensamiento racional en el método científico y porque da sustento al capitalismo y al socialismo como proyectos sociales. Este es el principal movimiento de la modernización y otras concepciones del desarrollo del espacio y tempo cuando fueron inventadas en el siglo XVIII europeo. Los conceptos de  democracia relacionada con la noción de capitalismo, coinciden con la definición de modernidad, con implicaciones que datan de la Ilustración y que todavía no alcanzan su máximo potencial de desarrollo.

La máxima construcción de la modernidad es el individuo. Esta modernidad exacerba los derechos individuales por sobre los derechos sociales. Esta modernidad se declara a favor de los derechos del individuo en franca oposición a los derechos sociales, lo que afirma más la tendencia autoritaria del capitalismo. La exaltación del individualismo es una característica de los procesos de modernización capitalista que tiene implicaciones en las propuestas de las instituciones democráticas, la familia, etc.

De hecho, los defensores de la modernidad occidental pregonan el progreso científico y tecnológico de la humanidad mediante el establecimiento de los principios de libertad, igualdad y justicia para todos. Hegel concibe la libertad subjetiva como una característica eminentemente de la modernidad en la convicción de que los individuos tienen el derecho de concebir ideas y creencias propias y de perseguir sus propios intereses y fines definidos en forma autónoma.

La modernidad es un planteamiento filosófico que reconoce costumbres, valores y normas, trata de legitimar algo “nuevo” y no formas distintas de hacer lo mismo. No obstante, la modernidad es la ideología del sistema capitalista que se declara a sí misma como la defensora de los derechos individuales por sobre los derechos de la sociedad. La modernización ha funcionado como razón de Estado y proyecto político para la transformación económica con una orientación del liberalismo económico.

La teoría de la modernización identifica la génesis de la sociedad occidental en una escala de desarrollo que va de lo tradicional a lo moderno, asistido por la experiencia y el conocimiento occidental. La teoría de la modernización plantea como hipótesis que el desarrollo económico traerá consigo el desarrollo político. El surgimiento del capitalismo concurrente con el fenómeno de la modernidad separa lo político de lo económico.

La modernidad que se inicia con el centramiento del sujeto mismo está estrechamente ligada a una autonomía moral del individuo termina con la exaltación de la racionalidad instrumental expresada en un individualismo enfermizo y posesivo. Los procesos de modernización implican el cálculo y control de los procesos sociales y naturales que corresponden al desarrollo de la racionalidad instrumental, la cual se contrapone al concepto de racionalidad normativa que se corresponde con la modernidad orientada a la autonomía moral y a la autodeterminación política.

La modernidad erige al Estado-nación como una forma de gobernabilidad para garantizar un espacio a la nación que necesita ejercitar su vocación histórica. La evolución de la organización política de la sociedad en comunidades organizadas para lograr sus fines mediante la práctica de una democracia participativa que apoya al Estado para administrar el interés público, es contrario a los fines de la modernidad capitalista. Sin embargo, para Rostow (1988:111-119) la modernidad en sí misma es democracia y la modernización emerge del sentido de comunidad de la gente y de ser agentes activos en la formación de una vida común.

Marx, en su Manifiesto Comunista es sensible al sufrimiento infringido por la modernidad a los esbatimentos sociales burgueses cuando sostiene que la modernidad “a destruido las relaciones feudales, patriarcales, idílicas. El movimiento liberal de la Reforma en México fue una cruzada por la restauración de la República, la conformación definitiva del Estado mexicano y el ingreso del país a la modernidad.

El despliegue de la modernidad y sus formas institucionales se reformulan en la sociología. La reflexividad de la modernidad se torna para confundir las expectativas de la ilustración a pesar de que es el mismo producto de ese pensamiento Pero la reflexividad de la modernidad actualmente debilita la certeza del conocimiento incluso en los dominios centrales de de las ciencias naturales.

El cuestionamiento si en verdad “el liberalismo satisface la dignidad auténtica del sujeto humano” Levinas (2001b:24) va también dirigido a toda la tradición filosófica occidental sustentada en el pensamiento judeo cristiano y latino “sobre la noción griega del homo sapiens”, posteriormente reforzada con la modernidad ilustrada que define al hombre como “una conciencia de sí autónoma” (Palacios, 2006:381). Fundamentó la igualdad aunque en la historia se inclinado a favor de proyectos político económicos que en nada defienden este principio cristiano.

Habermas (1992) puntualiza que el “vocablo modernización se introduce como término técnico en los años cincuenta; caracteriza un enfoque teorético que hace suyo el problema del funcionalismo sociológico. La modernidad temporalmente se constituye en referencia a los procesos de desarrollo porque trata de la imposición de un modelo de desarrollo sobre otros alternativos, desde el renacimiento hasta los teóricos de desarrollo de los sesenta.

Es la modernidad que ha sido siempre rendida como en los escritos críticos de la Escuela de Frankfurt, la fenomenología del siglo XX y una serie de pensadores post Nietzschean quienes tratan de demostrar a otros teóricos que hay un campo sustancial común que une  a las críticas de la modernidad y que proveen una agenda crítica para los intelectuales. Sin embargo, desde los 80s, la teoría de la modernización perdió el rumbo como política de desarrollo. Se cuestiona al paradigma racionalista cuidadosamente elaborado por sus orígenes en el cogito ergo sum cartesiano con el cenit en el idealismo alemán, que se ha perfeccionado en su estructura conceptual en los siglos de la modernidad pero que ha encontrado su agotamiento en los límites de su propia perfección y ha sucumbido a la tentación soberbia. 

Las articulaciones del poder en el contexto moderno son predominantemente transnacionales e implican la guerra y otros instrumentos de control económico social que tienen consecuencias en la misma esfera internacional y en la localización de la soberanía (Walker, 2006). Cualquier exploración de las articulaciones del poder a través de la modernidad se centra en la relación entre lo interno y lo externo entre las esferas de lo local y lo internacional.

El entendimiento de Foucault del poder moderno en la constitución de la esfera económico-social se centra en revelar los procesos a través de los cuales la modernización de las sociedades occidentales dependió de la distribución territorial de recursos y cuerpos y su sujeción a las prácticas disciplinarias y de vigilancia. Sin embargo, hay un sentido en el cual Jabri (2007) argumenta que los espacios de Foucault son distintivamente locales, no solo nacionales pero más bien aparentes en la minuta de intersticios de la vida social donde opera el poder moderno.

Es cuestionable si las exploraciones genealógicas de Foucault limitan su habilidad para involucrarse en la relación entre el gobierno del espacio social y su trayectoria en la historia occidental, y por otra parte la esfera moderna de lo internacional y la proyección del poder occidental.

Con respecto al poder transformativo del conocimiento transferido las investigaciones examinan el proceso en sí mismo como una experiencia de las relaciones del poder político entre aquellos Estados que exportan modelos administrativos y aquellos en los cuales se implementan así como el mecanismo que reproduce el poder y dominio de los exportadores en el orden global moderno. Se tienen que considerar una vasta heterogeneidad de filosofías y acercamientos a la administración si se considera que la naturaleza de la administración científica moderna está determinada por la tradición occidental (Roberts and Boyacigiller, 1984:430).

En la sociedad organizacional actual, el poder jerárquico y autoritario de las grandes corporaciones y aglomeraciones tiene el mayor control de las actividades en ambas esferas, la privada y la pública. La actual sociedad organizacional es producto del cambio del comportamiento y estructuras organizacionales dificultando el control jerárquico, se diversifican, se vuelven más complejas y las actividades corporativas rápidamente cambiantes difíciles de mantener control sobre ellas. Es por lo tanto, uno de los principales retos que enfrenta el orden político internacional.

El trabajo en las organizaciones modernas es un sistema complejo e interdependiente. Para Beck (1998) el fin de la sociedad de trabajo es una consecuencia del proyecto de la modernidad, se manifiesta por la reestructuración de los centros de poder, transmutación de los ejes de poder al interior de los Estados nacionales, la contaminación galopante y el incremento de los desempleados. En cuanto a las causas se refiere, un bajo evitamiento de la incertidumbre se sugiere que es el resultado de una modernización avanzada, de viejas democracias, poblaciones densas en países pobres y poblaciones ralas en países avanzados.

Weber (1968), por ejemplo, trató la incertidumbre y los contratos pero en contraste a Williamson (1996, 1985, 1979, 1975) vió el poder como un elemento central en las organizaciones, vio la incertidumbre como un elemento del capitalismo industrial que necesita el ejercicio del poder sobre los subordinados y sobre el intercambio ambiental y consideró que la ausencia de restricciones políticas y de estatus bajo el capitalismo industrial moderno hizo al poder más crucial.

El capital global que da impulso a los negocios es el mismo al que las teorías organizacionales atienden y por el que hablan. El valor fundamental de las sociedades modernas es que no debería existir autoridad sin democracia, más sin embargo, es precisamente el poder de la burocracias gubernamentales y corporativas acostumbradas a no rendir cuentas a la ciudadanía las que integraban las sociedades organizacionales.

Se ha generalizado un creciente cuestionamiento a los valores de la modernidad, sus supuestos de progreso lineal y la tendencia a identificarse con valores eurocéntricos (Tucker 1992). Ni la escuela de la modernización que vio un choque entre los valores tradicionales y los valores occidentales, ni la teoría de la dependencia con su enfoque en las relaciones de poder entre los inversionistas de los países desarrollados y los países anfitriones en desarrollo, las dos escuelas vieron el fenómeno como un encuentro involucrado en un contexto social y geopolítico y mostraron interés en temas sensibles como la xeofobia, la etnicidad y la soberanía nacional.

En vez de sostener el crecimiento económico y una mayor igualdad social, la modernización de las sociedades del tercer mundo produjo varias consecuencias negativas no esperadas tales como el prematuro incremento de los estándares de consumo con muy poca relación a los niveles locales de productividad; la bifurcación estandarizada entre las elites capaces de participar en el consumo moderno y masas concientes de ello pero excluidas, presiones migratorias en tanto que los individuos y sus familias buscan ganar acceso a la modernidad moviéndose directamente a los países de donde proviene la modernidad (Portes, 1997).

Mientras que las sociedades del tercer mundo pueden solamente tomar el camino tradicional, las sociedades modernas son capaces de emanciparse así mismas de las cadenas de la tradición obsoleta y tomar decisiones racionales, orientadas a la eficiencia. En los países en vías de desarrollo, la acción colectiva plantea toda una problemática para lograr avances institucionales y organizacionales.

La modernidad ha traído consigo dislocaciones sistémicas que han dado por resultado respuestas como el capitalismo global y la autarquía, la democracia del mercado y el autoritarismo, fundamentalismo y secularismo. Los agentes económicos y los actores políticos se encuentran en una carrera absurda de competencia por alcanzar una modernidad que termina en una crisis económica, social, ecológica y moral. Sindicatos, partidos, gobiernos, empresas y otras organizaciones tanto privadas como públicas, son los medios de participación en la modernidad, por lo que la emergencia de la burocracia moderna como forma de organizar la racionalidad, no es accidental, es una cuestión necesaria de la modernidad (Clegg, 1990; 3).

En las últimas dos décadas de la historia humana se han derrumbado las coordenadas de las relaciones inter e intra sociales delimitadas en las fronteras de las esferas públicas y privadas, la territorialidad y soberanía del Estado nacional y la estructura de la sociedad industrial, modificando la racionalidad de los individuos, familias, instituciones laborales y organizaciones modernas burocráticas. Las manifestaciones multiculturales en estas sociedades hasta cierto punto configuran estos rasgos que por un lado desintegran la identidad individual y las referencias comunitarias, destruyen las estructuras familiares y sociales, así como las manifestaciones  religiosas, culturales e intelectuales. Estas reacciones consideradas como irracionales frente a los excesos racionalistas de la organización, se encuentran estrechamente vinculada con el ambiente económico, social y político.

Los sistemas económicos están en constante transformación, al igual que los sistemas políticos basados en los Estado-nación se están disolviendo aceleradamente, y en muchos de los casos, están generando al interior de la sociedad, conflictos, caos y contradicciones con serias rupturas intra nacionales e internacionales. En el siglo XX, las ciencias sociales hacen suyos los problemas de transformación y contradicciones societales de los sistemas económicos que se introyectan en la modernidad como formas de organización socioeconómica y culturales.

En una sociedad de riego (Beck, 1998) la implementación de las actividades relacionadas con el proyecto de la modernidad tradicional es básicamente una función económica y política. El retorno del tiempo en el espacio caracteriza algunos lugares como siguiendo las huellas de otros en tanto que recapitulan su historia previa. La articulación espacial de lo internacional como un poderoso constitutivo de la modernidad, centra los conceptos políticos de soberanía y poder, pero los vuelve sin significado sin un entendimiento y apreciación de sus connotaciones espaciales.

En menor referencia a la escala geográfica, Giddens (1990) señala el concepto de desencajar las características de los sistemas abstractos y los procesos correspondientes de reencajarlas en constelaciones sociales específicas en un enfoque que se interrelaciona con una emergente modernidad reflexiva (Dirlik, 2003) que se encuentra con los estudios sociológicos de la sociedad mundial  (Luhmann, 1997).

La modernidad parece ser un proceso inherentemente contradictorio marcado por una mayor afluencia de capitalistas pero también de un incremento de desigualdades, formas de gobernabilidad global coexisten junto con una tendencia hacia una mayor autonomía de las comunidades locales. La emergencia y desarrollo de las organizaciones civiles como producto de los procesos evolutivos de la modernidad y del capitalismo, son criticadas por la volatilidad de sus fines y propósitos, sus alcances y logros encasillados en procesos de transición que no conducen a una transformación profunda del sistema económico, político y social.

Los actores no estatales que pueden clamar el conocimiento autoritativo asumen un papel significante que rinde este tipo de gobernabilidad posiblemente mediante la formulación de teorías acerca del funcionamiento de las sociedades tradicionales e identificando como intervenir para actuar, dar forma o acelerar la transición a la modernidad. La simple existencia de las organizaciones civiles se fundamenta en el principio de legitimidad de sus acciones realizadas por actores que, en muchos de los casos, son ajenos al referente de la producción industrial moderna (Baudrillard, 1980), aunque es criticable si su desarrollo y proliferación son factores dependientes de la lógica de la reproducción del sistema capitalista y de la lógica del control político bajo esquemas de la modernidad institucional.

Cuando la modernidad está en el ocaso, el individuo está al borde del derrumbe envuelto en un solipsismo intelectual y moral que lo puede perder. Wallerstein (1997) sentencia: “Mi propia lectura de los pasados 500 años me lleva a dudar que nuestro propio sistema mundo moderno sea una instancia  de progreso moral sustancial, y a creer que es más probablemente una instancia de regresión moral.”  Este sistema mundo no ha sobrevivido de la crisis moral que marca el final del milenio. El sistema mundo capitalista funciona y evoluciona en función de los factores económicos. Esta tendencia y otras son las causantes de lo que Wagner (1997) denomina el final de la modernidad organizada.

En el caso de México, Octavio Paz sentenció que “En el momento en que México parece dar, al fin, el salto hacia la modernidad, descubrimos que esa modernidad está en crisis y que vive en una pausa, en un vacío histórico” (Scherer, 1993).

 

3. POSTMODERNIDAD

En el siglo XX, las ciencias sociales hacen suyos los problemas de transformación y contradicciones societales de los sistemas económicos que se introyectan en la modernidad como formas de organización socioeconómica y culturales. La “tendencia postmoderna de pensamiento” apareció recientemente como expresión o aprehensión de una realidad social específica que hace referencia al pensamiento emergente de la modernidad tardía o de era postindustrial manifiesto en las condiciones de vida especificas de los grandes centros urbanos de los países desarrollados, o bien como una cultura conformada por un conjunto de modos de vida en las regiones hiperindustrialzadas.

En la modernidad tardía, el cambio de las formas institucionales del Estado más fácilmente identificables son mejor entendidas en un marco de referencia más general de cambio en las formas de la racionalidad gubernamental. Mientras que generalmente una noción postmoderna el concepto de privilegio también tiene raíces claras en las nociones modernistas y del modernismo tardío de relativismo y reflexión.

Desde los setentas, las ciencias sociales han sido influenciadas por las perspectivas teóricas que cuestionan los acercamientos convencionales a la teoría del desarrollo, algunas veces identificadas como postmodernas  rechazan la idea de que las teorías tienen un acceso privilegiado a la verdad que representa directa y simplemente en realidad independiente que preexiste a ellas. Desde la década de los sesentas del siglo pasado, cuando se empieza a cuestionar la modernidad, la industria del prét - á- porter se expresa como un concepto de estandarización, practicidad y moda.

La postmodernidad cuestiona la legitimidad del desarrollo alcanzado por la modernidad y la universalidad de sus valores y procesos, el reduccionismo economicista, su enfoque etnocénrtrico y la unidimensionalidad de su interpretación. Se reprocha que el postmodernismo pusiera el último clavo en el ataúd de la Ilustración y la izquierda enterró los ideales de justicia y progreso. Pero las tesis de posmodernidad sentencian la decadencia de la modernidad ilustrada porque es excluyente de la pluralidad, la multiplicidad, la hibridez y la ambigüedad.

Si la característica fundamental de la modernidad es la densidad de los cambios, la característica principal de la postmodernidad es la aceleración de estos cambios caracterizados por su complejidad e incertidumbre, por una fenomenología caótica (teoría del caos) que modifica constantemente los procesos económicos, políticos, sociales, culturales, etc.  La postmodernidad cuestiona las variables sociales, culturales, del medio ambiente, políticas y éticas de la ecuación del desarrollo y su proyecto modernizador.

Los proponentes de la filosofía postmoderna son más pesimistas de la idea de definir y aplicar criterios éticos (Willmott, 1998). Foucault (1980) sugiere que es imposible excluir el poder de las relaciones sociales y Lyotard (1984) cuestiona la legitimidad de las alternativas de las grandes narrativas. El postmodernismo trata de las relaciones entre el poder y el entendimiento (Foucault and Gordon, 1980).

La ciencia, para los postmodernistas es una actividad social y política contaminada por la búsqueda del poder y las ideologías espurias. La ciencia posmoderna proporciona las bases metodológicas y de contenido para un proyecto económico-político. Mientras que los positivistas consideran esencial una fundamentación objetiva, universal y libre de ideología, los postmodernistas consideran una simulación, un mito ideológico que obscurece la verdadera naturaleza de la ciencia, un sirviente del excluyente status quo social.

La globalización es consecuencia ineludible de la modernidad capitalista que deriva en la postmodernidad, y por lo tanto, en un preconizado relativismo que socava la crítica social, para el cual la objetividad es una mera convención social. La globalización puede ser vista como una continuidad del voluntarismo para establecer el ideal de una sociedad justa y afluente mediante la creación del Estado de Bienestar y de las tesis desarrollistas, pero con adaptaciones a la cultura de la postmodernidad. Giddens (1990) señala que la modernidad extendida da origen a la globalización entendida como “la intensificación a escala mundial de las relaciones sociales  que enlazan localidades muy distantes, de tal modo que lo que ocurre en una está determinado por acontecimientos sucedidos a muchas millas de distancia y viceversa”.

Clamar que existe una teoría de la globalización lleva al supuesto teórico social sobre la centralidad del espacio y el tiempo en la explicación social suplementada por un supuesto sociológico histórico acerca de la naturaleza de las sociedades modernas y sus interrelaciones políticas (Rosenberg, 2005:14). Los procesos de globalización aunada al crecimiento incontrolable de megalópolis en algunos países menos desarrollados crean nuevas formas de organización y desorganización que someten a la población a una brutal competencia de tal forma que establecen similitudes y diferencias en donde se mezclan rasgos de la modernidad y la postmodernidad marcadas con la realidad de las sociedades desarrolladas.

La inclinación del posdesarrollo sobre “el lugar”, la ecología política y la geografía posmoderna al estudiar la globalización, permite reconocer los modos de conocimiento y modelos de naturaleza basados en lo local (Escobar, 2000: 172). Brosius (1997), afirma que  no es fácil conceptualizar las formas concretas en que se presenta el tráfico en dos sentidos entre lo local y lo global y argumenta que incluso el componente local de los movimientos sociales en contra de las naturalezas del capital y de la modernidad está de alguna manera globalizado, por ejemplo en la medida en que dichos movimientos sociales toman prestados discursos metropolitanos sobre la identidad y el entorno.

Los movimientos contestarios a la modernidad y a los procesos de globalización resisten la desculturalización bajo una política de identidades y la secularización mediante una reactualización de los fenómenos religiosos. La teoría de los movimientos sociales ha sido influyente en sugerir las formas de la agencia, las fuentes de poder, y el repertorio de las estrategias disponibles (Fligstein, 1996). La globalización cultural está contribuyendo a hacer problemática la idea de la identidad nacional porque da lugar a reacciones locales en las formas de identidad cultural, religiosa y étnica, las cuales se orientan a una re emergencia de  nuevas concepciones alternativas de la modernidad y nuevas políticas de reconocimiento de las comunidades.

El postmodernismo y otras perspectivas construccionistas sociales ofrecen una mejor manera para tratar con las ambivalencias inherentes e indeterminaciones de los procesos culturales. La pregunta crítica de la pertenencia ontológica ha dividido el debate entre la política de la identidad del grupo y el choque de las civilizaciones, pero el verdadero conocimiento emana en cualquier parte de lo inconmensurable y de mundos totalmente distintivos que reflejen las identidades culturales que la modernidad occidental ha enterrado en el subsuelo. 

Se debe tener cuidado cuando se atribuyen elementos al postmodernismo ya que está lejos de ser una disciplina monolítica, ya que contiene diferentes áreas de interés, tales como el postestructuralismo. A partir de los años setenta se opera el periodo genealógico con la influencia del perspectivismo y Nietzsche en una actitud militante en contra de la represión, una desconfianza hacia el discurso académico que se expresa en el postestructuralismo, identificado con el postmodernismo irracionalista y nihilista que rechaza el método científico, al pensamiento racional y abuso de la ciencia como metáfora.

Para la teoría postmoderna influenciada por postestructuralistas como Foucault (1972, 1977 y 1980) y Derridas (1972), el intento para racionalizar y representar objetivamente una realidad externa es básicamente imposible porque lo que constituye nuestra experiencia y nuestro entendimiento del mundo a través del lenguaje, es mucho menos fijo y exacto que lo que se intenta creer.

Giddens (1993) opone a la idea de postmodernidad la de modernidad radicalizada y hace la crítica del movimiento postestructuralista de donde se deriva y que debe superarse porque considera que hay insuficiencias en los análisis de la modernidad de los siglos XIX y XX. A pesar de la emergencia de una pluralidad de pensamiento crítico de los procesos de globalización que hablan de modelos alternativos, no se ha concretado organización social diferente a la basada en el mercado que promueve el capitalismo.

El posmodernismo se concentra en una crítica de las estructuras sociales establecidas y sin embargo, el concepto postmoderno del papel legítimo de las organizaciones no se ha definido todavía. Se guían por los acercamientos postmodernos y los construccionistas sociales que consideran a la investigación organizacional dentro de un rico contexto de sociedad, poder y conocimiento y que ponen mucha atención a las voces excluidas, ocultas y marginadas particularmente para la interacción y el conflicto.

La postmodernidad alienta la revisión de las culturas y a replantear sus relaciones con la visión de los valores occidentales. En el sueño de la posmodernidad los individuos pueden imaginar transitar por la vida sin conceptos. La “macro dictadura total” del neoliberalismo, como sostiene el obispo de Sao Felix do Araguaia, Brasil, se impone como pensamiento único con sus “teólogos del diablo” y su posmodernidad narcisista (Fazio, 2000). De hecho, los procesos contemporáneos de la globalización y la expansión del capitalismo tardío o postmoderno han agravado los más crónicos problemas del desarrollo económico y social como en el caso de la región latinoamericana.

Hay escasas evidencias de que la región latinoamericana consiste de “sociedades postmodernas” o que se está moviendo a una era postmoderna. La crisis de los Estados Latinoamericanos se agudiza en la década de los noventa con la ruptura de las alianzas con los sectores populares para incorporarse a los procesos económicos y socioculturales articulados con la globalización, a costa de la desarticulación de las economías locales, dando como resultado la profundización de las características de una sociedad dualista: sectores socioeconómicos incrustados en la modernidad y los procesos de globalización, y sectores desarticulados con bajos niveles de competitividad y sin posibilidades de mejorar su desarrollo, condenados a una dependencia tecnológica, financiera, etc.

Desde finales de los ochentas, los estudios organizacionales y administrativos se han infundido de cierta reflexión postmoderna informada por textos filosóficos y acercamientos importados de la teoría cultural y social contemporánea, notablemente del post estructuralismo francés, la economía política neo Marxista y la filosofía política neo Gramsciana. Un elemento crucial de Gramsci que se aparta del determinismo de Marx fue su elucidación del príncipe moderno como el encarnamiento de la acción estratégica colectiva por aquellos con acceso escaso a los recursos materiales  o a la autoridad formal.

La creciente literatura que extiende la teoría de Gramscian considera la naturaleza del poder y de la ideología en estructuras de gobernanza institucional. Gramsci (1971) usó el término de guerra de posición para describir una estrategia a largo plazo coordinada a través de múltiples bases de poder para ganar legitimidad, cambiasen las relaciones económicas, desarrollar capacidad organizacional y ganar nuevos aliados, los movimientos sociales que tratan de cambiar prácticas y estructuras en las redes de producción social que pueden ser consideradas como expresiones contemporáneas del Príncipe moderno que usa estrategias inteligentes para maniobrar formas estructurales de poder (Sanbonmatsu, 2004).

El acercamiento neo-Gramsciano es útil para entender la manera dialéctica en la cual las redes de producción globales se forman y constituyen un amplio contexto de las teorías, ideologías e instituciones neoliberales, las estructuras inter estatales geopolíticas y las relaciones patriarcales de género. Los postmodernistas asumen que la producción de cosas físicas es sobrepasada por la producción de bienes de información y servicios. Levy (2008) desarrolla una conceptualización crítica de la producción internacional conectando el análisis de las redes de producción global con la literatura en emprendimiento institucional y la literatura de la teoría neo-Gramsciana en la economía política internacional. Levy (2008) desarrolla un marco de referencia crítico de la administración y producción internacional basada en la cadena de materias primas globales y las redes de producción global, en emprendurismo institucional y en la teoría neo-gramsciana en economía política internacional.

El campo de la administración internacional parece que se ha involucrado en una reflexión sistémica y una trayectoria crítica de la teoría del desarrollo (Jack, Calas, Nkomo, and Peltonen T. (2008). Las acciones de abundancia y despliegue se han integrado en la teoría del desarrollo sobre la administración del recurso (Sirmon, Hitt and Ireland, 2007). La literura crítica y la postmoderna enfatizan el papel de las multinacionales para apropiarse de recursos y debilitar la legitimidad del estilo de vida establecido en las comunidades de los países del tercer mundo. Shenkar, Luo and Yehekel (2008) describen la realidad del ambiente de la inversión extranjera y los acercamientos postmodernos que tienen múltiples lentes y consideran una multitud de grupos en las comunidades como una forma de ver el ambiente global y la globalización del ambiente. 

Las orientaciones posmodernas que son condicionantes de los principales agentes de los procesos de globalización, las corporaciones transnacionales y multinacionales, al decir de Santos (1993) son la unicidad de la tecnología, del tiempo y de la plusvalía como motor del desarrollo. El tiempo tiene poco significado y el espacio se comprime como resultado del avance tecnológico. La conceptualización de estos agentes sociales y sus roles, los procesos relacionados de interpretación y construcción de los sistemas de reglas y las respuestas organizacionales a estos sistemas de reglas representan nuevas direcciones para la teoría del desarrollo de las multinacionales.

La posición de Bhabha (1994a, b) en el grado en que el agente actúa estratégicamente e intencionalmente no es muy claro, porque critica el acercamiento intensionalista característica del concepto moderno de agencia pero cuando discute las posibilidades de la resistencia señala que la elección y la disrupción de los símbolos culturales peden ser intencionales y conscientes  (Bhabha, 1994a: 185).

El problema de la agencia para los investigadores de la cultura en las perspectivas de la modernidad y la postmodernidad se soluciona con la creatividad involucrada en el movimiento entre varios marcos de referencia  y en resistir lo colonizador rompiendo su conocimiento y prácticas impuestas. Mientras se mueve de la modernidad a la era actual de la globalización, la conexión crucial es proveída por las intervenciones externas de las redes de tecnologías de la información y las comunicaciones, a pesar de que la modernidad fue confiada alas sociedades coloniales, específicamente las redes de la información y la comunicación y en lo general, los procesos de globalización económica proveen una forma de que las sociedades coloniales interactúen con el mundo externo. 

Además las nuevas tecnologías tales como los paneles solares y celdas no han alcanzado costos competitivos y niveles de confianza y por lo tanto están fallando en la cooperación en el lenguaje de la teoría de redes-actores.

Una mayor velocidad es la característica de todos los aspectos de las funciones de las organizaciones, desde las comunicaciones internas al desarrollo de productos para el intercambio competitivo. La velocidad tiene efectos en el decrecimiento de las imperfecciones del mercado, el incremento de la volatilidad a que deben responder las organizaciones y el decremento de los tiempos de estímulo respuesta involucrados en actividades organizacionales prosaicas.  Existe un hueco entre el desarrollo rápido de nuevas formas organizacionales en práctica y la capacidad de las perspectivas existentes en la teoría.

Los conceptos de organización postburocrática, postmoderna, la organización postemprendedora y la firma flexible se refieren a nuevos principios organizacionales y expresan los nuevos paradigmas en las formas organizacionales. Otros aspectos específicos de estos paradigmas incluyen el federalismo, la corporación virtual, la corporación reingenierada, la compañía creadora de conocimiento, la organización “ambidexterus”, de alto desempeño o sistemas de trabajo de alto compromiso, la organización híbrida y la “solución transnacional”, etc.

La solución transnacional es una visión de una red integrada en la cual el centro corporativo guía los procesos de coordinación y cooperación entre las unidades subsidiarias en un clima de toma de decisiones compartidas, mezcla la jerarquía con la red y retiene la creación del valor en una corporación (Bartlett and Ghoshal, 1998). Las capacidades de la información global permiten a las corporaciones multinacionales crear una forma organizacional de red que complementa a los mercados y las jerarquías (Estados), por lo que se espera que sus estructuras de gobernabilidad converjan. Estas redes de producción multinacionales representan nuevas formas de organización global postmodernas, en donde el concepto de economías basadas geográficamente ya no es relevante.

Cambios en las metas de las organizaciones para responder a la incertidumbre, el enfoque estratégico en el diseño de procesos y estructuras, un énfasis en lo social e interpersonal y una reemergencia de la legitimidad. Una forma de absorber la incertidumbre es la formación de las alianzas estratégicas entre las grandes corporaciones y se integran en redes multi empresariales que desdibujan sus límites geográficos y se saltan los controles de las autoridades internas y locales además de manipular su entorno para mantener macro ambientes estables.

 

4. CONCLUSIONES

Por definición, el acercamiento socialmente construido no ofrece la claridad y el determinismo del pensamiento positivista pero al capturar la complejidad y la fragmentación de la escena de los negocios internacionales  mantiene la promesa de alivio de la rigidez, estrechez y la simplificación del análisis organizacional moderno y en el caso de la administración internacional salir del sofocamiento del impacto de las estrechez teóricas que han fallado avanzar el conocimiento y entender la complejidad de un mundo volátil.

Las críticas de los pensadores postmodernistas en relación al as exclusiones y desigualdades  en el actual orden social es justa, así como también se debe estar conscientes las posibles consecuencias del relativismo moral y epistémico basado en las fragmentaciones. La universalidad de la moralidad provee los fundamentos  y media la fragmentación causada por la postmodernidad. La extrema postmodernidad de la literatura ideacional confronta los problemas negándolos y privilegiando la interpretación como la meta de la investigación, rechazando la noción de un objetivo contextual que puede ser evaluado y medido.

Basados en el marco de referencia de Bhabha (1996), la pregunta si las teorías administrativas basadas en la epistemología occidental tienen sentido en el contexto no occidental más que si los cuestionarios de administración particulares pueden ser trasladados íntegramente y con certeza. Otros sugieren que las epistemologías críticas que emana del primer mundo, como el postmodernismo todavía están examinando el resto del mundo en términos occidentales.

El mayor daño que el postmodernismo causa a los países en desarrollo es una guerra de culturas para convertirse en consumidores acríticos de culturas foráneas si se considera como el reflejo múltiple de la cultura de la posmodernidad donde el trabajo de la Ilustración no ha concluido y en donde se identifican el irracionalismo postmoderno con las mentalidades irracionales que no acaba de realizar la civilización.

 

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Recebido: 19.04.2009 - Aceite: 08.11.2009