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Ex aequo

versão impressa ISSN 0874-5560

Ex aequo  no.38 Lisboa dez. 2018

http://dx.doi.org/10.22355/exaequo.2018.38.08 

DOSSIER: TRANS-AÇÕES DE GÉNERO: RESSONÂNCIAS E SABERES TRANS*

 

¡Faltan Palabras! Las Personas trans* no binarias en el Estado español

Faltam Palavras! As pessoas trans* não binárias no Estado espanhol

Lacking words! Trans* non-binary people in Spain

 

Isabel López Gómez* y R. Lucas Platero**

* 4motion Systemic & People. Correo electrónico: ilg@4motionsystemic.com

** Investigador Juan de la Cierva, Departamento de Psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona. También es investigador del Proyecto i+d VOSATEC, MINECO (2016-18), ref. FFI- 2015-65947-C2-1-P; y del Proyecto Europeo Cruisingthe 1970s CRUSEV' (2016-19), European Science Foundation, ref. CRP 5087-00242ª. Correo eletrónico: r.l.platero@gmail.com

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RESUMEN

Algunas personas sienten que su identidad sexual o de género no encaja en las categorías binarias disponibles, sus vidas están invisibilizadas y sus necesidades no están suficientemente exploradas. A través de entrevistas semiestructuradas con diez personas, abordamos sus experiencias y referentes, su orientación sexual, la percepción de la atracción y el deseo. En su búsqueda de una vida vivible y de poder dar significado a esa falta de identificación con el sexo y género asignado, generan estrategias creativas que les permiten habitar mejor el propio cuerpo, la identidad y el mundo a su alrededor. Además de sus necesidades, tratamos de evidenciar aquellas normas hegemónicas que generan patrones de exclusión y facilitamos algunas recomendaciones para profesionales y activistas.

Palabras clave: Binarismo, género, sexualidad, trans*, España.

 

RESUMO

Algumas pessoas sentem que a sua identidade sexual ou de género não se encaixa nas categorias binárias disponíveis, as suas vidas são invisibilizadas e as suas necessidades não são suficientemente exploradas. Através de entrevistas semiestruturadas com dez pessoas, exploramos as suas experiências e os seus referentes, a sua orientação sexual, a perceção da atração e o desejo. Na sua busca por uma vida vivível e capaz de dar sentido à falta de identificação com o sexo e género atribuídos, encontram estratégias criativas que lhes permitem habitar melhor o próprio corpo, a identidade e o mundo ao seu redor. Além das suas necessidades, procurámos destacar as normas hegemónicas que geram padrões de exclusão e fornecemos algumas recomendações para profissionais e ativistas.

Palavras-chave: Binarismo, género, sexualidade, trans*, Espanha.

 

ABSTRACT

Some people feel that their sexual or gender identity does not fit into the available binary categories; their lives are invisible and their needs are not sufficiently explored. Through ten semi-structured interviews with non-binary people, we explore their experiences and referents, as well as their sexual orientation, their perception of desire and attraction. Searching for a liveable life, and for being able to give meaning to the lack of identification with the assigned sex and gender, they come up with creative strategies. These strategies allow them to best inhabit their bodies, identities and the world around them. In addition to describing their needs, we try to make explicit the hegemonic norms that generate patterns of exclusion and we also offer some recommendations for professionals and activists.

Keywords: Binarism, gender, sexuality, trans*, Spain.


 

 

Introducción

A pesar de que en la actualidad nuestra sociedad no es siempre consciente del espacio cultural o identitario posible de quienes se autodenominan como personas no binarias, genderqueer, genderfuck, tercer género, agénero o de género neutro, entre otras posibilidades, a lo largo de la historia y de las diferentes culturas siempre han existido personas que rompen con las normas que delimitan lo que es propio de hombres y mujeres (Herdt 1996).

Durante la última década y desde el norte global asistimos a una presencia creciente en los medios de comunicación de algunas personas que desestabilizan profundamente las ideas más arraigadas sobre qué es la masculinidad y la feminidad. Por ejemplo, pensemos en los hombres trans* gestantes y el caso del norteamericano Thomas Beaty en 2008, o las personas que reclaman el reconocimiento legal de una identidad de género distinta a hombres y mujeres, como es Alex McFarlane en Australia, que consiguió que su documentación dijera «sexo indeterminado ». También ha sido especialmente visible el cuestionamiento del género y la ventaja competitiva de atletas racializadas como Caster Semenya desde 2008, planteando los límites de la feminidad y el efecto de las hormonas, así como el papel de las instituciones que regulan dichos límites (García Dauder 2011). Ha sido actualidad el debate sobre el uso en diferentes idiomas, como el inglés y el sueco, de expresiones que permiten evitar la generización para referirse a las personas; y en español se está proponiendo el uso de la «e» para evitar usar el masculino o femenino. Sin embargo, esta hipervisibilidad de personas señaladas como excepciones o las propuestas en el uso del idioma no hacen sino actualizar la vigencia de modelos extremadamente binarios, haciéndose aún más complejas las formas en las que se articula dicha delimitación binaria (Stryker 2013).

Por otra parte, desde Latinoamérica surgen otras lógicas que ponen en valor la diversidad de género, como es el movimiento travesti y transgénero, luchando por la despatologización de la transexualidad (Berkins 2006). Como resultado, en 2011 consiguieron la aprobación de la Ley de identidad de género 26.743 en Argentina, que permite cambiar el nombre y sexo sin necesidad de nombrar ni justificar documentalmente la transexualidad, basándose de «la identidad de género autopercibida ». Este movimiento social utiliza la noción de autodeterminación trans* en las políticas públicas y ha inspirado nuevas formas de activismo, que han tenido eco en el Estado español.

A pesar de estos avances, para buena parte de la sociedad, que es ajena a estos debates, las personas no binarias no existen. No poder concebir a las personas cuya identidad excede el modelo binario hegemónico implica un estado de vulnerabilidad social. Evidencia de esto es la inexistencia de estudios en el Estado español y que los hagan desde una mirada interseccional; desde esta carencia hacemos una aproximación con el objetivo principal de identificar necesidades y posibilidades de investigación específicas.

Nuestro propósito es poner a las identidades trans* no binarias en el mapa de lo posible, a sabiendas de que se trata de un término paraguas que puede encerrar una gran diversidad (Richards et al. 2016, 95-96) y que entronca con experiencias que tienen una historia propia. Somos conscientes de la importancia que tienen las narrativas de personas disidentes de este binarismo de sexo y género para la actividad científica, y los estudios críticos de género en concreto. Acceder a dichas narrativas permite aproximarnos críticamente al funcionamiento del modelo binario y descubrir cómo se articulan los procesos de modelado de la identidad y cómo construimos nuestra comprensión del mundo. Queremos contribuir a problematizar algunos de los efectos del modelo hegemónico de sexo y género, algo imprescindible para impulsar cambios transformadores.

En cuanto a su estructura, este artículo comienza con el estado de la cuestión en la investigación sobre las identidades no binarias. Seguidamente, describimos la metodología para acceder a las narrativas. Continuamos presentando el contenido de las mismas, acompañando a las descripciones de las experiencias personales que han formado parte del estudio, y cómo afectan al modelado que hacen del mundo y de sus propias identidades. Por último, compartimos algunas de las conclusiones.

 

¿Qué sabemos sobre las personas no binarias?

Aparentemente, en la academia sabemos poco sobre las personas no binarias y lo que sabemos se refiere principalmente al contexto, y desde investigaciones muy recientes, del norte global. Este borrado de la historia de la pluralidad de expresiones de género y sexuales, que han existido a lo largo del tiempo y en diferentes culturas, convierte a las personas no binarias en una «novedad», un artefacto causado por el desconocimiento de una historia no eurocéntrica o de las prácticas coloniales que han invisibilizado activamente este pasado.

Aun así, encontramos un interés creciente de la comunidad científica por acercarse a estas realidades, como evidencia el número de revistas académicas que publican artículos sobre personas no binarias o genderqueer. Sin embargo, a menudo los estudios realizados sobre personas con sexualidades e identidades no normativas no han reconocido las identidades no binarias, borrándose de la producción del conocimiento (Richards et al. 2016).

Sin ser exhaustivos, revisaremos brevemente la literatura académica apoyándonos en el trabajo de Christina Richards y colaboradores (2016), referidos a Holanda, Bélgica, Reino Unido, Escocia, Estados Unidos e Israel. Indican que, aunque se desconoce la proporción de personas no binarias que buscan tratamientos de modificación corporal, es probable que el número vaya en aumento. Y que la ausencia de pautas de intervención indica la pertinencia de estudios para obtener resultados prospectivos.

Algunos estudios se fijan en la prevalencia en la población general; para Lisette Kuyper y Ciel Wijsen (2014), de una muestra de 8064 personas holandesas entre 15 y 70 años, el 4,6% de personas asignadas hombres en el nacimiento y el 3,2% de personas asignadas mujeres se identifican como «ambivalentes con su identidad de género», así como un 1,1% de quienes fueron asignados hombres y un 0,8% de personas asignadas mujeres afirman tener «una identidad de género incongruente ». En un estudio hecho en Flandes (Bélgica), Van Caenegem et al. (2015) encontraban una prevalencia de ambivalencia de género, o género no binario, de un 1,8% de personas asignadas como varones en el nacimiento y de un 4,1% de personas asignadas como mujeres.

Otros trabajos se fijan en la diferencia entre personas trans* binarias y no binarias; este es el caso del estudio norteamericano National Transgender Discrimination Survey (Harrison, Grant y Herman 2012). Con una muestra de 6456 personas, el 67% eran personas binarias y el 33% personas no binarias, evidenciando la mayor probabilidad para las personas no binarias a ser discriminadas, sufrir acoso policial y rechazar tratamientos médicos debido a la discriminación. En el estudio realizado en Reino Unido sobre gente joven lesbiana, gay, bisexual, trans y en cuestionamiento, más de un 5% no se identificaba ni como hombre ni mujer (METRO Youth Chances 2014); y el estudio realizado en Escocia sobre salud mental encontraba que una cuarta parte eran personas no binarias (McNeil et al. 2012). Esta pregunta sobre la salud mental es un tema frecuente en la literatura sobre las personas trans*; también hay estudios con interés por la relación entre el apoyo recibido y la salud mental (Thorne et al. 2018).

Por su parte, Sue Ranking y Genny Beemyn (2012) realizaron 3500 encuestas y 400 entrevistas sobre la identidad de personas trans* de diferentes edades, especialmente de quienes se identifican fuera del género binario. Este estudio revela un aumento de la diversidad de género, especialmente entre la gente joven, e identificaba más de cien maneras diferentes para describir su identidad (Ranking y Beemyn 2012). Finalmente, nos gustaría señalar aquellos estudios que inciden en que las bases biológicas de la cognición genérica, identidad de género y preferencias sexuales imponen límites a nuestra capacidad de comunicarnos, en la comprensión y empatía intersubjetiva (Geary 2006).

Por tanto, la academia que produce conocimiento en el norte global aún no ha abordado suficientemente estas experiencias, que se expresan mejor en otros espacios y desde otros lugares. Esto no es distinto en el Estado español, donde no existen estudios amplios sobre estas realidades, más allá de primeras aproximaciones en trabajos de fin de máster (López 2017; Márquez 2018, entre otros). Hay algunas investigaciones sobre infancia y juventud trans* que recogen la diversidad que abarca el término (Platero 2014), pero ninguna que ponga el foco específico en las identidades trans* no binarias. Así son más prolíficos otros soportes, como artículos de prensa, obras artísticas o vídeos con experiencias de personas no binarias.

En el ámbito legal, una persona de género no binario no existe, ya que, en cualquier relación jurídica, todas las personas tendrán la consideración de hombre o mujer. Según la Ley 3/2007, sigue vigente la necesidad de un diagnóstico de disforia de género y la exigencia (con algunas excepciones) de dos años de tratamiento hormonal para que la identidad sentida por una persona española y mayor de edad sea legalmente reconocida en todos los documentos. Aunque se han aprobado leyes autonómicas posteriores que incorporan los principios de autodeterminación, despatologización y no discriminación, no dejan de ser normas de alcance limitado, que no permiten modificar el documento nacional de identidad o eliminar el requisito del informe de disforia de género. Además, algunas personas que son trans*, como la infancia y juventud, las personas migrantes o con diversidad funcional, siguen siendo especialmente vulnerables.

Así la emergencia de identidades no binarias en el Estado español se puede entender como producto de un contexto en el que se han conseguido algunos derechos para grupos sociales minorizados, tras movilizaciones que han conseguido transformar la percepción social sobre sus necesidades e incluir en la agenda de los partidos políticos sus demandas. Desde los 1990 y la primera década de los 2000 se han ido creando espacios activistas, políticos, artísticos y de debate críticos, como ha sido el movimiento por la despatologización de la transexualidad (Missé y Coll Planas 2010). También es relevante la recepción y debates autóctonos sobre teoría queer que desafía la naturalización de las identidades (Córdoba, Sáez y Vidarte 2005), y que propone conceptos como heteronormatividad (Warner 1991), la performatividad de género (Butler [1990] 2007) o la epistemología del armario (Sedgwick [1990] 1998), señalando la importancia de cómo se construye la historia de la sexualidad (Foucault [1976] 2005). Son debates y prácticas que no sólo se localizan en pequeños grupos activistas, sino que generan una literatura especializada y que incluyen la academia, los museos o los sindicatos. Debates que tienen una interlocución con las realidades que tienen lugar en Latinoamérica, en viajes de ida y vuelta, por ejemplo, con el propio concepto «queer» y «cuir» (Platero, Rosón y Ortega 2017). Otros espacios fructíferos son eventos como el Orgullo Crítico, el Octubre Trans o el Cabaret Trans en diferentes ciudades, que han generado experiencias colectivas críticas con el género binario. Por último, señalar el impacto de intelectuales como Paul B. Preciado, Javier Sáez o Paco Vidarte, entre otros.

Aunque son debates que surgen en espacios minoritarios, han tenido éxito al movilizar a grupos sociales más amplios, con propuestas más transformadoras (como la propia despatologización de la transexualidad, o la alianza con otros movimientos sociales) que las demandas que estaban proponiendo las organizaciones LGTB hasta el momento, más dispuestas a aceptar políticas públicas que señalaban la transexualidad como disforia de género (como fue la Ley de identidad de género 13/2007) o hacer del matrimonio entre parejas del mismo sexo su principal demanda.

 

Metodología

Nuestra aproximación cualitativa se basa en el análisis de las narrativas que emergieron en diez entrevistas con personas trans* no binarias. La propia recogida de estos datos es en sí misma una forma de análisis e implica algún tipo de elaboración sobre el mundo (Angulo 1990, 41). Elegimos realizar entrevistas semiestructuradas que fueron transcritas, analizadas y codificadas sistemáticamente a partir de una recogida de información amplia y un análisis comparativo de la misma, pretendiendo seguir un modelo de investigación que describa el mundo sin perder el sentido de continuidad (McWhirter 2000).

Las personas que participaron en nuestro estudio fueron jóvenes de edades comprendidas entre los 18 y los 32 años (6 asignadas mujeres y 4 varones al nacer) procedentes de diferentes comunidades autónomas del Estado español, sin diversidad funcional, no racializadas y con nacionalidad española. Todas estas personas tienen estudios superiores, y la mayoría ha hecho estudios universitarios; son activas en la red, conocen el activismo y todas reconocen sus identidades bajo el paraguas de la no binariedad (tabla 1).

 

 

Las entrevistas contenían cinco bloques de preguntas: 1) Conceptos identitarios; 2) Información biográfica que posibilita ir coproduciendo una narración con perspectiva temporal; 3) Experiencia con la identidad sexual y los referentes binarios disponibles; 4) Identidad de género y los referentes binarios disponibles: la feminidad y la masculinidad; 5) Orientación y deseo. Esta estructura es el resultado de reformular el guion inicial a partir de incluir el conocimiento que fuimos generando al hacer las entrevistas.

Para analizar los datos obtenidos de manera comparativa y abarcable, seleccionamos contenidos, categorizando y codificándolos (Kvale 2011), atendiendo a lo más significativo (McWhirter 2000, 14). Nos fijamos en su comprensión básica del mundo, en un sentido ontológico, teniendo en cuenta nuestras razones epistemológicas para llevar a cabo esta investigación. Así, hemos seguido criterios metodológicos, desde un punto de vista ético y político, de respeto a las personas entrevistadas y sus procesos.

El propósito principal era llevar a cabo una exploración más experiencial que intelectual, facilitando que la persona conectara con su experiencia frente al modelo binario sexo-género y explorar sus límites. Para ello aplicamos la metodología Developmental Behavioural Modelling (DBM® 1986-2018) desarrollada por John McWhrirter, que se basa en el estudio formal del modelado, incluyendo la estructura y la función de los modelos, cómo se construyen y se aplican formal e informalmente. Además, nuestra entrevista perseguía ser comprensible, cómoda y respetuosa, y fue testeada previamente con tres personas.

 

Resultados

Los resultados de las entrevistas están organizados en cinco bloques ya mencionados.

 

Identidad sexual y de género

Al preguntar sobre los conceptos identidad sexual y de género, más de la mitad de las personas distinguían entre lo biológico o anatómico, frente a lo político y construido socialmente. Dos casos que se desmarcaron de esta distinción entendían que sexo y género aludían al mismo contenido, si bien cada cual organizaba esta relación de manera diferente. Eran personas formadas en entornos activistas feministas y LGBTIQ.

Otra persona vinculaba la identidad sexual con la orientación del deseo, y la identidad de género con la identidad personal. En todos los casos, experimentaban más comodidad con el concepto de identidad de género, más presente en movimientos sociales y que permite más fluidez, mientras que la polisemia que encierra la palabra «sexual» genera confusión y es más común en ámbitos médicos patologizantes.

 

Narrativas autobiográficas

Buscamos identificar en sus narrativas autobiográficas experiencias relevantes con las categorías del modelo binario de sexo y género. Comprobamos que los primeros encuentros con estos límites se construyen a partir de lo que se les dejaba o no hacer, así como de las expectativas impuestas sobre su apariencia, actitudes y gestos por parte de la familia, la escuela, los grupos de iguales y «la gente de la calle». Recuerdan sus primeros sentimientos de disconformidad con la identidad de género asignada, a menudo ligada a dificultades para identificarse con los atuendos, peinados apropiados para el género asignado, grupo de iguales, algunas actividades y juegos, etc. Aludieron frecuentemente a las madres como principal agente regulador del género, y hubo un énfasis especial en la monitorización del pelo en su infancia. Vicky lo narra así:

Me acuerdo de los momentos en los que te dicen «esto no lo puedes hacer, esto es de niñas» o «¿qué haces haciendo eso? Eso es de mariquitas». Yo tenía el pelo largo y veía a las niñas con coletas y le decía a mi madre «mamá, quiero llevar coletas». Ella me decía «no, eso es de niñas, tú una». (Vicky)

En relación con la indumentaria, las personas asignadas mujer al nacer tenían más dificultad con los atuendos «apropiados», que rechazaban, más que querer vestirse con la ropa asignada a los niños; mientras que las asignadas varón no mostraban rechazo a su ropa, y sí añoranza por vestir la «adecuada» a la feminidad. Este rechazo o incomodidad adquiere más relevancia en eventos sociales, en los que parece que el atuendo se binariza y se diferencia más si cabe, como es el caso de los uniformes escolares. En la mayoría de los casos, instrumentalizan la indumentaria para desestabilizar la lectura binaria del sexo asignado. En este sentido, se hicieron alusiones al gusto por la androginia, que apareció varias veces como modelo con el que identificarse.

Todas las personas participantes asociaban las primeras sensaciones de «no encajar» con las dificultades para situarse en una de las dos categorías de género disponibles; primero con respecto a las implicaciones de la identidad asignada, y después, con las de la otra opción disponible. Estas dificultades se fueron convirtiendo en problema cuando se hacía más evidente la imposibilidad de construir una imagen propia en torno a una sola de esas categorías. A veces, esta imposibilidad se expresó como una experiencia de «falta de palabras», de no disponer de los conceptos para explicarse. Ezra y Mai lo describen así:

Me miraba en el espejo y decía «yo no quiero ser un chico». Miraba a otros chicos y sabía que yo no era eso. Al final acepté que si tenía cuerpo de chica tenía que ser una chica. No tenía palabras para explicar cómo me sentía. (Ezra)

No has escuchado hablar a nadie más y entonces sientes que eres tú el problema. Por eso no tenía palabras para expresarlo porque, ¿qué digo? ¿quién me va a entender? ¿cómo voy a decir yo que no soy ni una cosa ni la otra? No podía, no tenía palabras. (Mai)

En ambos testimonios encontramos «la falta de palabras», que evidencia la relación entre el lenguaje y el sentido de realidad. Si no existe una categoría identitaria colectiva, no hay de espacio simbólico en el que nombrarse de forma comprensible para sí y para otras personas. Es una sensación recurrente que encontramos en las entrevistas y de ahí que lo hayamos elegido como título del artículo.

Al sentir que no encajaban, relatan que una manera de explicar su identidad discordante fue cuestionar su orientación sexual, como narran Josito, Mai y Raquel:

Primero entendí que lo que estaba descubriendo era una homosexualidad, eso de confundir la orientación con la identidad constantemente. [...] Me pasé años sin dar respuesta a esta confusión. (Josito)

Yo era una chica, y me decían que era marimacho y lesbiana. Pero a mí no me gustaban las chicas. (Mai)

Van pasando los años y todavía no sabría definirme. Me costaba considerarme lesbiana porque implicaba ser mujer. (Raquel)

En algunas entrevistas señalan sentir rechazo en el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios, eligiendo identidades no normativas, casi siempre transexualidad binaria. Desde estos referentes volvieron a darse de bruces con los límites del binarismo: describen compartir ciertas inquietudes y procesos al alejarse del sexo de asignación, pero mientras la persona trans* binaria sigue su tránsito hacia la otra categoría de género disponible, las personas no binarias volvían a experimentar incomodidad con los límites binarios. Adrik sentía ansiedad al «empezar a reconciliarse con su parte femenina» cuando hacía su transición como chico trans*; no entendía por qué entonces le apetecía maquillarse o llevar falda.

Estas transgresiones generan conflictos familiares y sociales, o temor a que ocurran. El miedo está presente en todas las entrevistas, así como el bullying y el estrés asociado a la segregación sexual y binaria de espacios y actividades, especialmente en los centros escolares.

Ante el miedo al rechazo, todas describieron estrategias de supervivencia como el aislamiento, volver al armario o hacer uso instrumental de la identidad posible menos incómoda o más útil para cumplir con sus objetivos. Desde una mirada retrospectiva, identifican que en los momentos de mayor confusión valoraron que no encajaban en el mundo, y no tanto que el mundo no estuviera preparado para dar cabida a diversidad, como señalan Vicky, Josito y Pau:

Me volví a meter en el armario. Te haces una coraza, en la que te inventas que eres un chico, no le cuentas a nadie lo tuyo. Lo llevas en secreto y entonces encajas, y de repente hacen menos preguntas. Lo que hacía era inventarme ser quien no soy y eso agota y es muy frustrante. Pero al mismo tiempo es un privilegio, porque la gente transexual binaria no puede hacer esto. No puede decir «venga, hoy me disfrazo de chico y que no me peguen». En el trabajo, de hecho, llevo cierto disfraz. (Vicki)

Aprendí a ser masculino. A caminar y todo eso, porque me estaba preparando para ir al instituto, para no sufrir acoso. Me cambié el nombre en un intento de convertirme en un hombre en todos los sentidos. Pasan los años, y eso no se resuelve. [...] Valoraba que era yo el que no encajaba. Es muy típico entender que eres tú el error y que el cuerpo está mal y tiene que corregirse. (Josito)

Soy una persona no binaria, pero, para desenvolverme en el mundo, muchas veces utilizo el ser un hombre o un chico trans, porque es mucho más sencillo. Me evito explicaciones. (Pau)

La búsqueda de referentes, de manera más o menos consciente, es una cuestión fundamental y, casi siempre, los encuentros más efectivos se hicieron a través de internet. Una vez que empiezan a identificarse con iguales, sitúan la problematización en un mundo que limita la diversidad, no tanto en sí mismas.

En los procesos de tránsito aluden a la necesidad de identificación, pero también al reconocimiento de la familia y el entorno en general. Aunque hubo quien, como Raquel, valoró la no aceptación como elemento fundamental para su posicionamiento identitario, Raquel valoraba que el resto no identificara su identidad, influyendo para poder hacer lo mismo.

La mayoría remarcaba la necesidad impuesta de educar sobre la existencia de sus identidades, de tener que hacer pedagogía social, como se refleja en los siguientes extractos:

Tengo que explicarme muchas veces y la mayoría de las veces no me apetece. Estoy en el vestuario del gimnasio y no me apetece tener que explicarte que no me he equivocado… que sí o yo qué sé. Tampoco tengo otra alternativa, del de los hombres también me van a echar. (Raquel)

Ahora estoy en una posición de suficiente empoderamiento y de salud mental para hacerlo [explicar su identidad de género]. Pero no tengo por qué estarlo y no tengo por qué ser activista para que se respeten mis derechos. (Martín)

Aunque en el momento de las entrevistas la totalidad declaraba que ya disponía de referentes y tenía sus tránsitos en marcha, seguían sintiendo que no encajaban y acusaban la falta de recursos de apoyo e información especializados. Por otra parte, quienes se aproximaron al activismo feminista y/o LGTBIQ declararon haber sentido discriminación en algún momento, algo que también aparece en la investigación de Sue Ranking y Genny Beemyn (2012, 8).

Resumiendo, encontramos dos tipos de estrategias de afrontamiento; la primera es tratar de ser identificada como persona binaria, cis o trans*, por el miedo a perder relaciones o en situaciones vitales de «cansancio de tener que explicar continuamente», o por «cuestiones prácticas de supervivencia». La segunda estrategia consiste en evitar ser clasificada en cualquier de las categorías binarias, para reafirmar la identidad sentida como forma de alcanzar bienestar personal.

 

Identidad sexual y referentes

En todos los casos, carecían de una identificación completa con las categorías hombre/mujer; siempre faltaba o sobraba algo. Hicieron alusiones a ellas como «limitadas y limitantes». A veces, nombraron estas «identidades por negación», afirmando que no eran «chico chico» o «chica chica»; que «no terminan de ser chico, pero tampoco chica» y viceversa. Josito lo explica así:

Siempre me he explicado como que no me identifico como hombre, hay como una desidentificación, pero no por ello entro en la categoría mujer… Es como si la identidad fuera una negación. «¿Qué eres?, ¿hombre o mujer? soy un no hombre». Te sales de esa categoría, pero tú estás ahí. (Josito)

Pau dice que a lo largo de su vida ha cambiado de etiquetas para clasificar su identidad, pero permanecía la experiencia de no poder sentirse un hombre o una mujer. Sobre esta cuestión, Ezra afirma: «es lo único que tengo claro, lo único que se mantiene». Estos testimonios son representativos de un sentir general; no obstante, reconocen que los efectos de ser socializada como mujer o como hombre, marcan una diferencia fundamental.

Al tratar de construir una definición de persona no binaria, se hizo evidente la diversidad de sentires incluidos bajo este término. Pero ¿cómo encuentran esta categoría? Nueve de las diez entrevistadas lo hicieron a través de internet, la otra a través del activismo. La red es un recurso rápido y eficaz y permite preservar la intimidad; es perfecta para investigar, resolver dudas, plantear inquietudes y como espacio de encuentro. Aludieron a referentes en videos en YouTube que relatan sus experiencias vitales, tránsitos, efectos de las hormonas, relaciones, activismo feminista, etc.

Respecto al ajuste de corporalidad e identidad, todas afirmaron estar conformes, satisfechas y preferir sus genitales, pero aparecen malestares respecto a los caracteres secundarios. Martín manifiesta sentirse «muy a gusto con los genitales que nací» y no cree que se sintiera así si fuesen distintos, pero no se siente tan cómodo con el pecho; afirma que sin él estaría «extremadamente cómodo». Ezra prefiere tener su vagina, se está hormonando, pero «si se ve muy chico, le entra disforia, igual que verse chica».

Josito nos aclaró que «tener pene y el resto de caracteres secundarios leídos en femenino, no te hace una persona trans* no binaria». En todas las entrevistas están de acuerdo en que «la identidad no la conforma una corporalidad concreta, sino una manera de leerla, de sentirla y de vivirla satisfactoriamente». Reconocen que es complicado mantener una identidad no binaria estable cuando se sale de un entorno de seguridad y, para evitar problemas, «reajustan» su identidad.

 

Masculinidad y feminidad

La totalidad coincide en su posición feminista y en el rechazo hacia los arquetipos tradicionales de la feminidad y la masculinidad, especialmente hacia ésta última, independientemente del sexo asignado y el sexo sentido. Raquel dice que «hay un montón de cosas que no me gustan nada de la masculinidad clásica, y de la feminidad estereotipada, no sé si me gusta algo». Frecuentemente aludían a la manera diferente de ocupar el espacio, rechazando explícitamente que las etiquetas masculino y femenino tuvieran una correspondencia «esencializada» con hombres o mujeres.

 

Orientación y deseo

En la mayoría de las entrevistas, manifiestan sentir atracción por ciertas corporalidades, con independencia de la identidad de género; en otras ocasiones, su atracción se da más hacia determinadas identidades y expresiones de género, con independencia de las corporalidades; y también hay quien prefiere unas corporalidades, identidades y expresiones de género concretas. En todos los casos, identifican a las personas que no entran dentro de los modelos arquetípicos de masculinidad y feminidad, como «las más deseables», y señalan no sentir deseo por las que cumplen con los mandatos hegemónicos de género. Valoran la facilidad para relacionarse con iguales en cuestiones de afectividad y deseo.

Expresan cierto malestar al sentir que generan deseo como personas de su sexo asignado; al tiempo, son conscientes de que el valor, expectativas o trato que reciben es diferente según se interprete que son mujeres u hombres. Así, cuando sienten que el deseo que generan está vinculado a una identidad no binaria expresan mayor satisfacción y comodidad, al tiempo que rechazan ser objeto de un deseo fetichizado, una experiencia que es frecuente.

Las expectativas sobre la identidad son clave; las personas asignadas varones en el nacimiento denuncian la cosificación y «la hipersexualización» del cuerpo de las mujeres. No obstante, la única de estas personas que se relaciona eróticamente con personas no binarias o femeninas y que estaba cómoda con ser «leída en femenino » no habló de sentirse fetichizada ni de notar que se hipersexualizaba su cuerpo, como era el caso del resto, que se relacionaban eróticamente con personas no binarias y con personas masculinas. Emergen diferencias en el deseo que posiblemente tengan que ver con la socialización en términos de feminidad o masculinidad y de la cultura binaria en general.

Por último, es relevante la frecuencia de prácticas sexuales no convencionales y de modelos afectivos no normativos; todas las personas entrevistadas tienen relaciones abiertas o practican el poliamor.

 

Más información

Señalan los privilegios según el género; afirman que «transitar de hombre a persona no binaria supone una pérdida de privilegios, mientras que hacerlo de mujer a identidad no binaria conlleva la adquisición de los mismos». El sexismo y la misoginia explican esta sensación de economía de privilegios. Hacen hincapié en el sufrimiento provocado por la segregación por género en la escuela, y afirman que los criterios de esta segregación de las actividades no siempre coinciden con sus preferencias y sus habilidades.

Denuncian la falta de implicación de los agentes sociales, poniendo el acento en la importancia de la educación, en la aplicación efectiva de las leyes que permitan el disfrute de los derechos adquiridos. Quienes forman parte de movimientos sociales subrayan la falta de protocolos jurídicos, sociales y médicos para la integración de las personas no binarias, que sí existen para las personas trans* binarias.

 

Conclusiones

La emergencia actual de las identidades no binarias se puede entender como resultado de la experiencia de los movimientos y luchas identitarias de los años 1990 y 2000 que, al buscar «normalizar» las identidades LGBT, han fracasado en cuestionar normas sociales como el binarismo, pero también otras como el sexismo, la misoginia o el racismo. El binarismo es una superestructura del poder (Mateos 2017, 46) que articula un modelado de los cuerpos, las identidades y la relación que establecemos con el mundo para poder habitarlo «normalmente». A través de la socialización e identificación con un sexo asignado, se relega a otras opciones a lugares de marginación y disidencia. No hay categorías disponibles, referentes, roles, ni lugar en la gramática para nombrarse ni para pensarse más allá de en femenino o en el masculino.

Para quien la lógica de «lo uno o lo otro» no sirve, nombrarse como persona «no binaria» implica la negación de lo disponible. Una persona no binaria es una persona trans* que transita a otro lugar que se está construyendo y que para muchas personas es ininteligible. Ser una persona no binaria implica no identificarse plena y satisfactoriamente, de forma consistente y estable en el tiempo, con ninguna de las categorías disponibles, ni con las expectativas sociales relacionadas con cada una de ellas. Es un término amplio o paraguas que recoge mucha diversidad de sensibilidades.

Los datos obtenidos aún son escasos, pero apuntan a la necesidad de reconocimiento de una generación de gente joven con estudios y que forma parte del activismo, está en las redes sociales y siente que los movimientos sociales y las instituciones les están fallando. Denuncian la relevancia de los lugares habituales de socialización, que habitualmente castigan sus rupturas a través de presiones emocionales, conflicto y abandono en casa, discriminación, acoso, violencia y abandono en la escuela, tratos inadecuados, discriminatorios por parte del personal administrativo y médico, discriminación en los centros de trabajo, insultos y malos tratos en los espacios públicos, especialmente si están segregados por sexo. Este maltrato cuestiona su identidad y su sentido de pertenencia social, como señalan Ranking y Beemyn (2011).

A pesar de su sentido de agencia para encontrar un espacio vital habitable, su capacidad para romper con múltiples normas, se enfrentan al miedo constante al rechazo y las consecuencias que tienen sus decisiones. Este miedo tiene efectos en la salud, terminar los estudios, encontrar un trabajo o simplemente tener un grupo de amistades. De modo que, es vital encontrar una identidad vivible a la que transitar socialmente o también médica y legalmente. Una vez que comienzan este proceso, pueden encontrar diferentes estrategias de afrontamiento.

Desde la investigación y la intervención profesional, nuestros datos nos llevan a recomendar el reconocimiento y acompañamiento de las personas no binarias, que suponen un cambio de ética profesional a la hora de apoyar y no de diagnosticar una identidad. Facilitar el acceso a información sobre diversidad de las identidades de género y apoyo desde la infancia serían las condiciones necesarias para generar referentes y entornos más seguros que faciliten el acceso a derechos y oportunidades para alcanzar niveles de calidad de vida satisfactorios. Nadie puede vivir bien o desarrollarse fuera de un mundo social que aporte las condiciones de ese desarrollo (Butler 2010, 12). Finalmente, somos conscientes de las limitaciones de este estudio con un número tan pequeño de entrevistas, que mejoraría si contase con más personas no binarias en la coproducción de la investigación y si se vinculase con una historia más amplia de las rupturas de las normas de género en el Estado español.

 

 

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**Dep. de Psicologia Social, Fac. de Psicologia, Edifici B, Campus de Bellaterra 08193 Bellaterra. España.

 

Isabel López Gómez

Licenciada en Sociología por la UCM, Master Training en terapia y consultoría con metodología DBM® por la Universidad de Alcalá de Henares y Máster en Educación Sexual y Asesoramiento Sexológico por la UCJC. Consultora y formadora en diversidad sexual e igualdad de género, facilitadora de cambio y desarrollo en relaciones afectivas y sexuales en 4motion Systemic & People.

 

R. Lucas Platero

Doctor en Sociología y Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED); Investigador Postdoctoral Juan de la Cierva, Dpto. Psicología Social, Universidad Autónoma de Barcelona, así como de los proyectos: VOSATEC, Ref. FFI2015-65947-C2-1-P Dpto. Ciencia, Tecnología y Sociedad, Instituto de Filosofía del CSIC y del proyecto europeo CRUSEV (HERA.15.099, Horizon 2020), Ref. 5087-00242A. Últimos libros son: Trans*exualidades. Acompañamientos, factores de salud y recursos educativos (2014); Por un chato de vino (2015) y Barbarismos queer y otras esdrújulas (2017).

 

 

Artículo recibido en 4 de julio y aceptado para publicación en 8 de agosto de 2018.

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