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Sociologia, Problemas e Práticas

versão impressa ISSN 0873-6529

Sociologia, Problemas e Práticas  no.72 Oeiras maio 2013

https://doi.org/10.7458/SPP2013722621 

Del dicho al hecho: potencialidades del método etnográfico en el estudio de políticas de integración

Do dito ao feito: potencialidades do método etnográfico no estudo de políticas de integração

From words to actions: potentials of the ethnographic method for the study of integration policies

Des paroles aux actes : potentialités de la méthode ethnographique dans l’étude des politiques d’intégration

 

Francisco José Cuberos Gallardo*

* Investigador do Centro de Investigação e Estudos de Sociologia (CIES-IUL), do Instituto Universitário de Lisboa (ISCTE-IUL).  E-mail: fcuberos@us.es

 

Resumen

En toda Europa numerosas instituciones impulsan foros que tienen como objetivo fomentar la participación activa de los migrantes y reforzar sus redes asociativas. El concepto de estructura de oportunidad política (POS) puede ayudar a entender el impacto de estas medidas en el proceso de integración de los inmigrantes. Pero ello exige aplicar una metodología de investigación que capte también los efectos no-deseados de estas políticas y analice su trascendencia. El objetivo principal de este trabajo es medir las potencialidades del método etnográfico en este punto. Con este fin presentamos el análisis del Consejo Municipal de Participación de Migrantes de la ciudad de Sevilla (España) y de sus efectos en las redes asociativas de los latinoamericanos residentes en la ciudad.

Palabras-clave estructura de oportunidad política, inmigración, efectos no-deseados, método etnográfico.

 

Resumo

Em toda a Europa numerosas instituições impulsionam fóruns que têm como objetivo fomentar a participação ativa dos imigrantes e reforçar as suas redes associativas. O conceito de estrutura de oportunidade política (POS) pode ajudar a entender o impacto destas medidas no processo de integração dos imigrantes. Mas isso exige aplicar uma metodologia de investigação que capte também os efeitos indesejados destas políticas e analise a sua transcendência. O objetivo principal deste trabalho é medir as potencialidades do método etnográfico neste ponto. Com este fim apresentamos a análise do Conselho Municipal de Participação de Imigrantes da cidade de Sevilha (Espanha) e dos seus efeitos nas redes associativas dos latino-americanos residentes na cidade.

Palavras-chave estrutura de oportunidade política, imigração, efeitos indesejados, método etnográfico.

 

Abstract

Many institutions all over Europe have been working to create forums with the objective of fostering the active participation of immigrants and strengthening their associative networks. The political opportunity structure (POS) concept can help us understand the impact these measures have on the process of integrating immigrants. However, doing so means using an investigative methodology that also picks up on the undesired effects of these policies and analyses their transcendence. This project's main objective is to measure the potentials which the ethnographic method offers in this regard. To this end the authors present an analysis of the city of Seville's (Spain) Municipal Council for Immigrant Participation (CMPI) and its effects on the associative networks of Latin Americans who live in the city.

Keywords political opportunity structure, immigration, undesired effects, ethnographic method.

 

Résumé

Partout en Europe, de nombreuses institutions organisent des forums destinés à encourager la participation active des immigrés et à renforcer leurs réseaux associatifs. La notion de structure d’opportunité politique peut aider à comprendre l’impact de ces mesures sur le processus d’intégration des immigrés. Mais pour cela il faut appliquer une méthodologie de recherche qui identifie aussi les effets indésirables de ces politiques et qui analyse leur transcendance. Ce travail a pour principal objectif de mesurer les potentialités de la méthode ethnographique sur ce point. À cet effet, nous présentons l’analyse du Conseil municipal de participation des immigrés de la ville de Séville (Espagne) et ses effets sur les réseaux associatifs des latino-américains résidant dans la ville.

Mots-clés structure d’opportunité politique, immigration, effets indésirables, méthode ethnographique.

 

Introducción

La integración de los inmigrantes a la comunidad política constituye una preocupación de primer orden para las sociedades europeas en la actualidad. El crecimiento de una diversidad étnica derivada del aumento de los flujos migratorios de entrada, y especialmente notable en los países mediterráneos durante los últimos años, ha reforzado la necesidad de políticas específicas que favorezcan la integración de los nuevos residentes en las sociedades de inserción. Para entender las formas concretas que estas políticas adoptan es necesario remitirse al contexto histórico en el que son forjadas. En la actualidad, es preciso tener en cuenta que el aumento de los flujos migratorios coincide en el tiempo con una fuerte transformación en los criterios con que las sociedades europeas definen sus propios criterios de cohesión.

Como advierte Rainer Bauböck (1999), los términos en que una sociedad define su propia cohesión tienen un impacto directo en los modelos de integración que se dirigen a los recién llegados. Para el caso de Europa, se aprecia un cambio evidente en este sentido y durante las últimas décadas. La integración de los migrantes que nutrieron la industria de los países del norte del continente tras la Segunda Guerra Mundial fue planteada en términos muy diferentes a los que hoy copan el debate político. En aquel momento, la integración política de los migrantes giraba fundamentalmente en torno a su inserción laboral. Esto entronca directamente con un modelo de producción fordista en el que las necesidades de fuerza de trabajo eran grandes y el Estado regulaba en gran medida unos mercados laborales de ámbito nacional (Martin, 2006). El desarrollo del proceso de globalización neoliberal determina cambios decisivos en este punto. La demanda de fuerza de trabajo mengua considerablemente, y el Estado pierde gran parte de su capacidad de control sobre los mercados de trabajo (Beck, 2002; Sassen, 2001). Todo ello se traduce en un cambio fundamental en los criterios de cohesión de las sociedades. La pérdida de centralidad del trabajo determina la necesidad de buscar nuevos criterios de cohesión social. En este contexto la cultura aparece como factor estratégico para la vertebración social y la canalización de la participación política (Appadurai, 2003; Stavenhagen, 2000).

Martiniello ha explicado cómo durante las dos últimas décadas aquellos conflictos que antes eran construidos sobre la noción de clase social han pasado ahora a ser redefinidos como conflictos culturales (Martiniello, 1998a). La clase obrera pierde fuerza como referente identitario, y es crecientemente sustituida por identidades étnicas y culturales que permiten vehicular formas de solidaridad que ya no giran alrededor del trabajo. Los propios conflictos sociales experimentan un desplazamiento geográfico, desde los lugares de trabajo hacia los lugares de residencia. Y en efecto, todo ello se traduce en cambios en los modelos diseñados para la integración de los inmigrantes. La centralidad de la cultura como criterio de cohesión social favorece el desarrollo de políticas de integración que giran primordialmente en torno a la idea de la diversidad cultural.

En España también se observa un interés creciente por estas políticas de gestión de la diversidad cultural. El control sobre los flujos de entrada, que copó el debate político durante los años del cambio de siglo, continúa siendo una preocupación de primer orden para las autoridades. Pero ahora, junto a esta prioridad, aparece la necesidad de integrar a largo plazo a aquellos migrantes que se quedan indefinidamente en España. Estos migrantes son percibidos primordialmente como portadores de una diferencia cultural. Asistimos así a una segunda etapa del proceso en la que las corrientes migratorias comienzan a ser conceptualizadas, también, como nuevas minorías étnicas (Arango, 1999; Castles, 1998; De Lucas, 2003). Los migrantes pasan a ser objeto de políticas de integración que apuntan fundamentalmente a la diversidad cultural que representan.

Algunos analistas han creído ver en la diversidad cultural un riesgo para la propia preservación del modelo democrático. Se ha llegado a afirmar que ciertos rasgos culturales son esencialmente incompatibles con el concepto de democracia (Sartori, 2003). Para el diseño de unas políticas de integración deseables, autores como Azurmendi abogan por fórmulas de asimilación cultural que provean al migrante de la cultura democrática-participativa que a su entender le falta (Azurmendi, 2005). Sin embargo, otros estudiosos apuestan por fórmulas políticas que entroncan con la tradición teórica del multiculturalismo, y que ven en la diversidad cultural un valor a proteger. A nivel político, los principales partidos de la izquierda parlamentaria en España — PSOE, IU —, aun sin haberse dotado de un modelo claramente definido, han implementado en los últimos años algunas tímidas iniciativas que, especialmente a nivel local, intentan poner en práctica una política multiculturalista.1

Con este artículo me propongo analizar un ejemplo concreto de este último tipo de políticas.2 Los datos que presento son el resultado de un trabajo de investigación de cinco años, desarrollado en torno a dos proyectos: “El papel de las mujeres inmigrantes en el desarrollo de sus localidades de origen: el caso de las marroquíes y las ecuatorianas”,3 y “Relaciones interétnicas y participación democrática: estrategias asociativas de la población latinoamericana residente en Sevilla”.4 En ambos me ha interesado indagar en las formas de auto-organización y participación política de los inmigrantes de origen latinoamericano que residen en la ciudad de Sevilla (España). Para ello utilizo el método etnográfico, definitorio de la Antropología como disciplina y crecientemente reconocido desde otras Ciencias Sociales en el estudio de las migraciones.

Durante la gestión del gobierno municipal de la coalición PSOE-IU (2007-2011), el Ayuntamiento de Sevilla apostará por políticas de integración que buscan la participación de los inmigrantes y el refuerzo de sus asociaciones. Estas políticas son planteadas como una respuesta a la necesidad de integrar la otredad cultural que representan los inmigrantes. Una respuesta que gira así sobre la idea de cultura, y que aboga por la diversidad como un valor a defender. El apoyo financiero a las asociaciones, la creación de órganos consultivos de participación directa y el fomento de códigos asociativos especializados son algunas de las estrategias empleadas. Con este trabajo analizo una de las principales iniciativas impulsadas por este gobierno municipal: la creación del Consejo Municipal de Participación de Migrantes (CMPM). Mi objetivo es desagregar este organismo en sus prácticas cotidianas, para así medir sus efectos concretos en las redes asociativas de los migrantes mediante la observación directa en el trabajo de campo etnográfico. Considero que entre estos efectos pueden estar incluidos algunos no previstos por las instituciones e incluso contrarios a sus propios objetivos.

 

El concepto de estructura de oportunidad política (POS) y sus aplicaciones a las políticas de integración

El CMPM es un foro de participación dirigido a las asociaciones de inmigrantes, que pretende potenciar la integración de estas personas mediante el estímulo de sus redes asociativas. Hablamos por tanto de una iniciativa institucional que tiene como objetivo la generación de unas condiciones políticas que favorezcan la integración de los migrantes. Este tipo de foros consultivos representan para autores como Martiniello (2005) un factor de inclusión que refuerza positivamente la estructura de oportunidad política (POS) disponible para los migrantes. A continuación nos detenemos en el concepto de POS y problematizamos sus aplicaciones a nivel metodológico.

La estructura de oportunidad política (POS) que ofrece una sociedad resulta de la conjunción entre los mecanismos de inclusión y de exclusión desarrollados por el Estado (Martiniello, 1998b). El presupuesto que subyace a este concepto es que, en definitiva, “la integración de los inmigrantes depende primeramente de la estructura interna de la sociedad de acogida” (Bauböck, 1999: 67). Por eso los trabajos que utilizan el concepto de POS intentan medir el grado en que la estructura política del país receptor ofrece oportunidades de participación a los migrantes. Se asume, de un modo implícito, que existen modelos de integración que pueden promover la participación de los inmigrantes independientemente de las peculiaridades culturales de aquéllos. El objetivo principal es entender bajo qué condiciones estructurales es probable que los inmigrantes logren canalizar estrategias asociativas políticamente eficaces (Penninx y otros, 2004). Por esta razón, los trabajos que se han apoyado en el concepto de POS muestran en su metodología predilección por el análisis de la dimensión institucional del proceso participativo, dejando en un segundo plano otros aspectos del problema como las características diferenciales de las redes migratorias o las distintas culturas que interactúan en los contextos migratorios. En estos trabajos interesa, por encima de todo, medir el grado en que la estructura política consigue involucrar a los migrantes en sus estructuras de participación (Bloemraad, 2005).

El concepto de POS entraña a menudo la asunción de que la iniciativa política institucional genera efectos controlados y predecibles. Desde este presupuesto, se intenta medir aquellos efectos que de antemano se presupone a las políticas públicas. En el caso que presentamos, el efecto buscado por el CMPM es que las asociaciones participen de él activamente. Se trataría entonces de medir en qué grado participan las asociaciones latinoamericanas del Consejo. Sin embargo, resulta obvio que la acción de las instituciones también puede tener efectos imprevistos, y en ocasiones contrarios a los objetivos perseguidos. Olvidar los efectos no-deseados de la acción institucional nos llevaría a proyectar un sesgo institucionalista en el análisis de la participación: los inmigrantes serían infra-representados, y su rol quedaría subsumido en la acción de las instituciones (Bousetta, 2000). Para evitar este sesgo institucionalista, mi estudio parte de las redes asociativas de los migrantes latinoamericanos para contrastar qué efectos — previstos o imprevistos — tiene en ellas la participación en el CMPM. Mi hipótesis de partida es que la acción institucional — incorporar a las asociaciones a un Consejo consultivo — puede generar en las redes asociativas efectos contrarios a los perseguidos por el modelo de integración.

 

Propuesta metodológica para un análisis de los efectos no-deseados de la acción institucional

El método etnográfico ha demostrado ser especialmente útil para registrar fenómenos políticos que escapan al control institucional. Ello se debe a que la Antropología ha tendido a considerar la política como un conjunto de procesos, más que como un conjunto de estructuras formalmente instituidas. Ya en 1977, y a partir de sus trabajos sobre los Nuer, Evans-Pritchard señalaba que para entender la vida política de los pueblos que estudiaban los antropólogos modernos habían de preocuparse prioritariamente por conocer la historia de dichos pueblos. En esta misma línea R. Firth (1957) ya había observado que antropólogos que estudiaban sistemas políticos habían sustituido “la trillada base de análisis estructural convencional por un tipo de investigación que, desde el principio, es un examen de ‘fenómenos dinámicos´”. El análisis de las estructuras institucionales ha ido dejando paso, en los estudios antropológicos, a una concepción holística y procesual de la vida política. Este enfoque ha demostrado su capacidad para registrar importantes dimensiones de la vida política que escapan a la acción institucional.

En sus estudios sobre los procesos de destribalización en África, los antropólogos de la Escuela de Manchester fueron sensibles a los desajustes entre los sistemas institucionalizados y las prácticas sociales de los individuos (Pujadas y otros, 2010: 53). Trabajos como los de Gluckman (1963) o Epstein (1958) se sirvieron del método etnográfico y del análisis situacional para demostrar que el conflicto social podía plasmarse en las redes sociales, sin que necesariamente se viese reflejado en las instituciones.

En el campo de los estudios sobre asociacionismo, el método etnográfico también ha sido aplicado con el objetivo de superar una visión institucionalista de los procesos políticos. Mediante la observación directa dentro de las redes sociales que sustentan las asociaciones, la etnografía nos permite captar el sentido que la gente otorga a sus prácticas cotidianas y a sus relaciones sociales. Tales prácticas y relaciones cotidianas tienen una dimensión política que a menudo escapa a la medición de otro tipo de técnicas. En la Península Ibérica, los antropólogos también han empleado el método etnográfico para dar cuenta de esa dimensión política de la realidad que con frecuencia escapa a otros especialistas. Los trabajos de Isidoro Moreno (1975) nos aportan una información rica y abundante sobre la relevancia sociopolítica de las hermandades religiosas en Andalucía. En Euskadi se ha prestado atención a las sociedades gastronómicas, y también al fenómeno de las cuadrillas informales de amigos (Ramírez, 1984). En Valencia se ha estudiado las comisiones festeras (Cucó, 1991), mientras que en Cataluña se ha llamado la atención sobre la dimensión sociopolítica de las sociedades de excursionistas. En Portugal, Cordeiro (1990) ha estudiado a los grupos de juego de “laranjinha” en la ciudad de Lisboa. Todos estos trabajos dan cuenta de una sensibilidad entre los antropólogos de la península hacia la importancia política de unos contextos de sociabilidad informal que exceden el campo de la política institucional.

En este trabajo utilizo el potencial del método etnográfico para registrar un fenómeno político particular: los efectos no-deseados que genera en las redes asociativas de los inmigrantes una iniciativa política impulsada desde las instituciones. Parto de que estos efectos, pese a no ser contemplados por las instituciones, son parte de la estructura de oportunidad política (POS) y condicionan la integración social de los inmigrantes.

En numerosas sociedades, y en muy diferentes momentos históricos, encontramos ejemplos de políticas que generan efectos contrarios a los deseados. En torno al fenómeno de la inmigración, Castles nos recuerda cómo Australia trató de reclutar inmigrantes blancos y británicos durante la posguerra para terminar siendo una de las sociedades más diversas del mundo; que el modelo alemán del Gastarbeiter encontró a trabajadores temporales que, sin embargo, se quedaron para siempre; y que más recientemente, se constata que el endurecimiento de las condiciones de entrada en Europa refuerza el contrabando de personas que se pretende combatir (Castles, 2004: 206-207). La propuesta metodológica de este trabajo persigue captar y analizar aquellos efectos no-deseados que el CMPM puede tener en las redes asociativas de los latinoamericanos. Para registrar esos posibles efectos no-deseados es preciso contrastar cómo esta iniciativa política es percibida paralelamente por los representantes de las instituciones que la impulsan y por los inmigrantes que participan de ella (Zapata-Barrero, 2004). El trabajo de campo etnográfico, basado en la observación participante y la interacción directa en las asociaciones, puede arrojar datos determinantes en este punto.

En este artículo presento observaciones extraídas de una labor continuada de trabajo de campo etnográfico a lo largo de los últimos cinco años. Durante este tiempo, he entrado en contacto con más de una veintena de asociaciones de inmigrantes latinoamericanos radicados en Sevilla. En torno a esta muestra he realizado un trabajo de campo intensivo, prestando atención tanto a sus pautas de participación en el Consejo como a su presencia en otros contextos. La base de esta labor de investigación ha sido la aplicación del método etnográfico. Con la etnografía he tratado de acceder a aquellos aspectos de la vida asociativa que se resisten a la cuantificación, y que tampoco suelen encarnarse en formas verbalizadas.

El trabajo de campo etnográfico se ha desarrollado fundamentalmente en torno a una labor intensiva de observación participante y análisis situacional. Los ejercicios de observación han estado orientados, más que a la descripción formal de las asociaciones, al análisis de las redes sociales que las sustentan y de las relaciones que dichas redes albergan. Por este motivo, y a medida que me fui familiarizando con los grupos que estudiaba, fui ordenando mis ejercicios de observación en función de las situaciones sociales (Agier, 2011) que enmarcaban en cada momento las relaciones entre aquellos que participan del tejido asociativo. Al observar a unos mismos individuos en situaciones sociales muy diferentes, mi intención fue comprobar hasta qué punto sus prácticas y discursos podían ser cambiantes en función del contexto. Con ese objetivo organicé mi observación en torno a tres situaciones, que fueron ordenadas en función de sus distintos grados de formalización. Éstas fueron:

Reuniones del Consejo Municipal de Participación de Migrantes. Mediante la asistencia continuada a estas reuniones he analizado las pautas de funcionamiento del Consejo, incluyendo los tiempos que maneja, las estructuras en que se organiza y los códigos que utiliza. Asimismo he podido observar tanto la forma en que las asociaciones se relacionan con los dirigentes del Consejo como el tipo de relación que entablan entre sí durante estas reuniones. Actividades propias de las asociaciones de inmigrantes latinoamericanos. He participado continuadamente de las reuniones y actividades de asociaciones de inmigrantes de México, Bolivia, Ecuador, Perú, Colombia, Chile, Argentina, Paraguay y Venezuela. He asistido a reuniones ordinarias, a celebración de eventos festivos (Fiestas Patrias, Día de la Madre, campeonatos deportivos, etc.) y a actividades orientadas a la prestación de servicios a la comunidad (cursos de formación, servicios de asesoría jurídica y laboral). Espacios de sociabilidad informal participados por los miembros de las asociaciones. Desde una perspectiva antropológica, el asociacionismo constituye primeramente una expresión de sociabilidad que posibilita la interacción política (Pont, 2005). Si bien otras ciencias han marcado distancias mayores entre el espacio del asociacionismo y el de la sociabilidad informal, la Antropología entiende ambos espacios como interconectados. Mediante la observación de la sociabilidad informal he podido acceder a discursos y actitudes que entroncan directamente con la práctica asociativa, que toman de ella su sentido y que la condicionan de forma decisiva.

El resultado de mi labor ha sido un registro sistemático de las prácticas, discursos y relaciones de las personas que integran las asociaciones, así como de los responsables institucionales del CMPM. He organizado dichas prácticas, discursos y relaciones atendiendo a los distintos contextos en que estas personas interactúan. Posteriormente, he comparado las prácticas y discursos registrados en los distintos contextos, con el objetivo de dar cuenta de sus posibles variaciones. A continuación analizo datos etnográficos de tres tipos: discursos — sobre el CMPM, sobre las asociaciones y sobre las culturas de los inmigrantes —, prácticas — dentro y fuera del CMPM — y relaciones sociales — dentro y fuera del CMPM. Mi intención es contrastar los discursos que justifican el CMPM desde las instituciones con los efectos que esta iniciativa genera en las redes asociativas de los inmigrantes.

 

Inmigración latinoamericana y políticas de integración en Sevilla: contextualización del CMPM

Los últimos años del siglo XX marcan un punto de inflexión en la dinámica de flujos migratorios de todo el Estado español. Los flujos de entrada se disparan y España se consolida en poco tiempo como país de inmigración. Lo acelerado del proceso no sólo se refleja en el aumento neto del número de inmigrantes, sino también en la diversificación de los flujos en cuanto a las zonas de procedencia. Los inmigrantes de origen latinoamericano pasan a conformar en pocos años varias de las más importantes minorías inmigrantes. Colectivos como el ecuatoriano, el peruano y el colombiano, y más recientemente paraguayos y bolivianos, han contribuido especialmente a consolidar la inmigración latinoamericana como un fenómeno demográfico de primer orden.

Este fuerte crecimiento de la presencia latinoamericana coincide en el tiempo — y no casualmente — con una doble tendencia en las políticas migratorias españolas. De un lado, el endurecimiento de la política fronteriza, siempre bajo control de las autoridades centrales; de otro, una incipiente política de integración de inmigrantes, en la que llevan la iniciativa los organismos autonómicos y municipales (López de Lera, 2008). Si la primera ha seguido una tendencia constante e inequívoca hacia el blindaje de las fronteras, las segundas presentan una evolución discontinua, en la que el cariz de las iniciativas políticas varía considerablemente dependiendo del municipio o del partido de gobierno.

El caso de Sevilla no es una excepción. También en esta ciudad, que ostenta la capitalidad de Andalucía con 703.206 habitantes,5 los latinoamericanos juegan un papel importante en la consagración de la inmigración como fenómeno demográfico y como asunto público.6 Los inmigrantes latinoamericanos, que hasta el año 2000 apenas reunían algo más de cuatrocientas personas en Sevilla (Martín y otros, 2011), representan hoy más del cuarenta por ciento del total de extranjeros de la ciudad, superando presumiblemente la cifra de trece mil personas.

 

 

Tal y como se ha señalado a nivel estatal, en esta ciudad destaca la importancia numérica de bolivianos, ecuatorianos, colombianos y peruanos. Son estos grupos los que han creado un mayor número de asociaciones. En todo caso, ningún grupo ha logrado organizarse en torno a una única asociación nacional. Cada organización aglutina a un número de entre sesenta y cien simpatizantes. Los participantes activos son pocos, y en la práctica la vida asociativa suele depender de la iniciativa de núcleos reducidos de entre tres y diez personas. Los grupos menos numerosos (argentinos, paraguayos, mexicanos, venezolanos, chilenos) también han creado asociaciones que ostentan hoy representación en el CMPM.

En Sevilla, como en el conjunto de España, el Ayuntamiento ha comprendido la necesidad de implementar políticas de integración de orden local. Y también aquí dichas políticas han estado marcadas por el perfil del partido gobernante. La entrada de la federación de izquierdas Izquierda Unida (IU) como socio de gobierno del Partido Socialista (PSOE) en 2003 marca un punto de inflexión en las políticas de integración. Coincidiendo en el tiempo con la consolidación de la inmigración como asunto publico, especialmente notable en los barrios periféricos, la federación de izquierdas despliega a lo largo de dos legislaturas una batería de medidas orientadas a prestar apoyo a la incorporación de los inmigrantes a la ciudad. Es interesante resaltar en este punto que el carácter de estas políticas de integración ha ido variando en el tiempo, pasando progresivamente de una concepción asistencialista e individualizada hacia medidas más orientadas a la participación activa y organizada de los inmigrantes.

 

 

En 2005 el Ayuntamiento crea el Soporte Mínimo de Atención a Inmigrantes (Somai), en convenio con la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Se trata de un dispositivo de asistencia profesional e individualizada dirigido prioritariamente a “los recién llegados”. El Somai ofrece asistencia jurídica, acompañamiento sanitario, clases de español, búsqueda de empleo y alojamiento. El inmigrante aparece aún como objeto de las políticas de integración, más que como sujeto activo. En abril de 2008 se crea el Consejo Municipal de Participación de Migrantes (CMPM), que es planteado por las instituciones como un punto de inflexión hacia un modelo de integración participativa. El CMPM es un órgano consultivo que confiere ya una participación activa a los migrantes y a través de sus propias asociaciones. En él se reúnen periódicamente más de cincuenta asociaciones de inmigrantes para debatir pautas de actuación común sobre los asuntos que estiman oportunos. El CMPM representa así una apuesta por hacer de los inmigrantes agentes activos en el proceso de integración. Su objetivo principal es fomentar la participación de los inmigrantes mediante el refuerzo de sus propias asociaciones.

A continuación expongo el abordaje etnográfico del CMPM y de su impacto en las redes asociativas de los latinoamericanos. Retomando las ideas citadas anteriormente, podríamos decir que este Consejo se concibe como una herramienta para fortalecer una estructura de oportunidad política local que pretende canalizar la participación de los migrantes a través de sus asociaciones. Mi intención sin embargo es llamar la atención sobre aspectos contradictorios de esta experiencia. Aspectos que suelen pasar desapercibidos para el propio Ayuntamiento, pero que resultan aprehensibles a la etnografía como método de investigación.

 

Prácticas, y discursos y relaciones dentro del Consejo Municipal de Participación de Migrantes (CMPM) de Sevilla

El CMPM se ha organizado en torno a reuniones periódicas que han contado, desde el comienzo, con una alta participación de asociaciones representativas de muy distintas nacionalidades. Estas reuniones han contado con la presencia mayoritaria de asociaciones de magrebíes, subsaharianos y latinoamericanos. Sin embargo, si entre los dos primeros grupos encontramos una participación estable, de asociaciones de una cierta antigüedad y lideres de larga experiencia asociativa en la ciudad, en el caso de los latinoamericanos la participación ha sido discontinua, marcada por la entrada y salida constantes de asociaciones de reciente creación. Cabe suponer que esta precariedad en la participación se encuentra relacionada con la corta trayectoria de los latinoamericanos en Sevilla, la relativa juventud de sus asociaciones y su menor grado de consolidación en la ciudad.

Las reuniones del CMPM están expresamente cerradas a las personas que no son inmigrantes. Se trata ésta de una norma justificada desde el miedo generalizado a que personas autóctonas se infiltren en el foro usurpando a los migrantes su voz. De hecho este criterio ha sido usado para dificultar la asistencia de gente como yo mismo. Las reuniones se celebran en forma de foro, normalmente dispuesto en círculo y recreando conscientemente una idea de horizontalidad y multivocalidad. Se suele utilizar sillas iguales y no existen lugares reservados, todo lo cual refuerza la sensación de participación equitativa. Sin embargo, mi asistencia durante varios meses a estas reuniones me ha permitido apreciar que en la práctica el círculo suele ordenarse en torno a los representantes de las instituciones — políticos y técnicos del Ayuntamiento —, que son quienes plantean el orden del día, quienes marcan el inicio y el fin de las reuniones y, en definitiva, quienes llevan la iniciativa en las mismas. Estos técnicos y políticos son además las únicas personas autóctonas que pueden acceder al foro. En torno a estas figuras centrales, el círculo se dispone de tal forma que suelen quedar cerca de los políticos los inmigrantes que, por su más larga trayectoria asociativa en la ciudad, tienen una confianza personal que les facilita entablar con aquéllos conversaciones personales antes y después de las reuniones. Estos dirigentes inmigrantes son subsaharianos en su mayoría.

Aunque en menor número, entre las asociaciones latinoamericanas también existen dirigentes que mantienen una notable cercanía con los políticos responsables del CMPM y que ostentan una influencia considerable en el foro. Estos dirigentes no representan necesariamente a las asociaciones latinoamericanas mayoritarias ni a las más activas. De hecho algunas asociaciones importantes han llegado a criticar abiertamente tanto la cercanía de tales dirigentes a los gestores del foro como la influencia que por ello se les supone. En todo caso, las reuniones del CMPM suelen motivar niveles muy desiguales de participación entre las distintas asociaciones.

Las reuniones del CMPM suelen desarrollarse dentro de unos códigos considerablemente especializados. Palabras como empoderamiento, interculturalidad y asamblearismo son recurrentes en los debates. El uso de este vocabulario sofisticado recrea el estilo de foros reputados como el Ayuntamiento o el mismo Parlamento nacional. La ritualización de las reuniones aspira a inscribir el Consejo en los códigos que caracterizan al Estado como institución. Sin embargo, estos términos provocan actitudes de inhibición entre aquellos inmigrantes que no se inician en esos códigos. Esta tendencia es apreciable entre las asociaciones de latinoamericanos, cuyos integrantes no siempre se identifican con tales códigos.

En cuanto a los acuerdos que se ha ido tomando a través de las reuniones del CMPM, éstos se han materializado en torno a cuatro tipos de iniciativas: (a) actividades de visibilización, orientadas a difundir la cultura de los inmigrantes y normalmente restringidas a un concepto estrecho de cultura que se equipara con la idea de folklore y se traduce en fiestas con danzas y comidas tradicionales; (b) actividades de fortalecimiento asociativo, generalmente consistentes en la difusión de información sobre subvenciones públicas dirigidas a las asociaciones; (c) actividades de denuncia, dirigidas contra políticas de orden supralocal (ej: directiva europea de retorno); y (d) actividades consultivas, consistentes en la asistencia periódica al foro de cargos políticos locales que escuchan las reivindicaciones de las asociaciones. En relación con estas últimas, cabe recordar que el CMPM tiene carácter no-vinculante para las autoridades locales.

Tras dos años de funcionamiento ininterrumpido, el CMPM es percibido por sus impulsores como un avance neto en materia de integración. Resulta indiscutible el alto grado de participación que se aprecia cuando ésta es medida en función del número de asociaciones inscritas. Esto constituye un éxito en la materialización de los efectos previstos por el propio Consejo. Sin embargo, el funcionamiento cotidiano de este foro genera otras dinámicas que no responden al proyecto integrador de esta iniciativa.

El devenir del CMPM ha tenido efectos no-deseados en las redes asociativas de los latinoamericanos. Hablamos de consecuencias no previstas por sus impulsores, que afectan fundamentalmente al modo de organización de las asociaciones y, muy especialmente, a su capacidad para canalizar el capital social acumulado en las redes migratorias. Estos efectos, que no son recogidos por los indicadores que el propio Consejo maneja, se dejan sentir sin embargo en las prácticas cotidianas de las asociaciones, fracturando las redes de solidaridad que las sustentan.

 

Efectos no-deseados del CMPM en las redes asociativas de los latinoamericanos en Sevilla

La participación de las asociaciones latinoamericanas es precaria, y no todas ellas logran consolidar su presencia en el foro. A lo largo de estos dos años algunas han abandonado el CMPM por desavenencias con su modo de funcionamiento. Una de las asociaciones más participativas durante las primeras reuniones del foro abandonó el foro en medio de una fuerte polémica, llegando a acusar públicamente a otras organizaciones de estar sacrificando los intereses de los inmigrantes en favor de un acceso privilegiado a los políticos que gestionan el Consejo. Si el objetivo de dicho Consejo ha sido siempre unir esfuerzos, parece que la vida cotidiana de las asociaciones ha asumido en la práctica tensiones y divisiones derivadas de la propia participación en el foro.

No puedes usar las mismas reglas para todos. Que ésa es una cosa que tiene que entender el Consejo éste. Que pareciera que quiere meter a todas en el mismo lote, pero que no lo pueden hacer. Porque todos son diferentes. &#91…&#93 Tú no puedes usar el mismo rasante para la organización musical, que son cuatro músicos que están tratando de sobrevivir como músicos, con la otra que está haciendo una acción social frente a otras personas. Son dos cosas diferentes. &#91M.P., Asociación de Venezolanos en Sevilla&#93

Una importante fuente de tensiones la encontramos al nivel de los grupos étnicos o nacionales. Buena parte de los latinoamericanos manifiesta desconfianza hacia las asociaciones de magrebíes y subsaharianos. Estas últimas, debido a la mayor antigüedad de su presencia en Sevilla, demuestran una mayor habilidad en el manejo de los códigos del foro, así como un mayor conocimiento del espacio político en que se mueven y una mayor cercanía hacia los técnicos y políticos que dirigen el proceso. Esto les hace ser vistas con desconfianza por parte de unas asociaciones latinoamericanas de más reciente creación y menor capacidad de acceso al entorno institucional. Paralelamente, y ya entre los propios grupos latinoamericanos, colectivos como el venezolano o el mexicano han experimentado un alejamiento progresivo respecto a ecuatorianos, bolivianos y peruanos. En este caso la explicación se remite al peso poblacional de los colectivos, así como a sus características sociodemográficas. Mexicanos y venezolanos presentan un perfil socioeconómico sensiblemente superior al del resto de latinoamericanos. Si a ello sumamos que estos colectivos son minoritarios tanto en el foro como en el conjunto de la sociedad local, se entiende que hayan ido incorporando un sentimiento de marginación, y que se quejen expresamente de que el foro tienda a respaldar unas iniciativas mayoritarias con las que no se identifican.

Aquí prima la necesidad de la mayoría. Entonces, evidentemente la necesidad que se va a cumplir es la necesidad de la mayoría. Entonces claro: la necesidad de la minoría siempre queda un poquito relegada ¿no? Aunque sería más fácil para el ayuntamiento y las instituciones cumplir la de la minoría. Porque sería menos costoso. Pero yo creo que, como peso tienen más ¿no? Al ser más, tienen más, por eso tienen más peso, dentro de la comunidad. Pero bueno: es lo que hay. &#91K.P., Asociación de Mexicanos en Andalucía&#93

Otra de las principales causas de las tensiones entre asociaciones se encuentra en las políticas de refuerzo asociativo practicadas desde el CMPM. Como ya se ha apuntado, estas políticas consisten en la práctica en la difusión sistematizada hacia las asociaciones de información sobre subvenciones públicas. Aun cuando la forma de publicitar estas ayudas haya sido transparente, el reparto desigual de las subvenciones ha generado serios conflictos entre varias asociaciones. Esto se relaciona con el hecho de que tales subvenciones sean repartidas mediante concurso competitivo. Esto ha provocado que las asociaciones latinoamericanas, y las redes sociales que las sustentan, incorporen lógicas competitivas en su lucha por el acceso a los recursos. Incluso si las asociaciones compiten en igualdad de condiciones, éstas han empezado en definitiva a competir entre sí. En estas condiciones, no es extraño que aquellas asociaciones menos exitosas en la captación de subvenciones desistan de participar en el foro. Si con las subvenciones públicas se pretende reforzar las redes asociativas de los inmigrantes, su reparto mediante concurso está favoreciendo la fractura de la cooperación entre las asociaciones y la aparición en su lugar de formas de competencia.

 &#91Sobre las subvenciones:&#93 Coordinarlas estaría bueno. Coordinarlas desde la organización porque el dinero, que siempre es una limitante, pudiera el gobierno distribuirlo mejor, y que cada quien estuviera en la línea que interesa ¿no? Dentro de esa organización. Porque cuando estás dividido, pues sí: a lo mejor uno pisa al otro, y normalmente la labor de la persona que está desesperada, pues va a todo lo que puede. &#91M.P., Asociación de Venezolanos en Sevilla&#93

El funcionamiento del CMPM también ha favorecido en ocasiones la fractura de los vínculos solidarios que sustentan cada asociación hacia el interior. La fuerte ritualización de las reuniones, el uso de un vocabulario técnico y la observancia del protocolo persiguen el objetivo de dotar al foro de una imagen de seriedad y respetabilidad hacia el exterior. Sin embargo estas prácticas resultan poco atractivas para la mayor parte de la población latinoamericana, que en general tiende a desconfiar de un consejo en el que sólo algunos dirigentes se desenvuelven con soltura. Pese a ser una herramienta dirigida a la participación colectiva, sólo algunos inmigrantes se identifican con esos códigos. Esta dificultad para empatizar con muchos latinoamericanos provoca a su vez que éstos castiguen a aquellos dirigentes asociativos que sí participan del foro y de sus códigos. Muchos latinoamericanos dudan de que el foro atienda a sus necesidades reales, e interpretan que los dirigentes que participan de él se mueven en realidad por intereses personales de tipo clientelar. Algunos afirman que son esos intereses personales los que explican el crecimiento del número de asociaciones presentes en el foro.

Últimamente han nacido, y se van creando muchas asociaciones de inmigrantes, que podrían estar vinculadas a otras. Porque muchas veces, si hay alguna asociación de inmigrantes, y hay alguno que es más listo, dice: ¡yo monto la mía! y entonces, eso va también dividiendo a los colectivos ¿no? &#91R.B., Hermanamiento de los Pueblos del Mundo y Cooperación Internacional de Andalucía&#93

Por otra parte, también las actividades orientadas a la visibilización de las culturas de los inmigrantes han encontrado resistencias en ciertos sectores de la población latinoamericana. Estas actividades suelen consistir en celebraciones conmemorativas de las Fiestas Patrias, así como en torno a otras fechas significativas (Día de la Mujer, Día del Inmigrante, Día del Trabajador, etc.). En estas fiestas, las asociaciones del foro protagonizan espectáculos folklóricos, fundamentalmente danzas y música típicas, así como muestras de platos tradicionales. El problema es que estas fiestas no encuentran respaldo en una parte importante de los latinoamericanos residentes en la ciudad, que no se identifica con la imagen que de ellos se proyecta en estos actos. Estas personas acusan al Consejo — y a las asociaciones que lo integran — de difundir una imagen exotizada de lo latinoamericano y de no atender sus necesidades reales.

 

Conclusiones

A lo largo de este artículo he tratado de ilustrar el desarrollo de una iniciativa política — el CMPM — que el Ayuntamiento de Sevilla presentó como herramienta estratégica para la integración activa y participativa de la población inmigrante. En el discurso de las instituciones, el CMPM constituye una aportación positiva a la estructura de oportunidad política que la ciudad ofrece a la población inmigrante. A través de la etnografía, sin embargo, he tratado de pasar del dicho al hecho. Esto es: del análisis de los discursos políticos de las instituciones al registro de los efectos prácticos que la iniciativa institucional genera en las redes asociativas de los migrantes. Considero que la información recabada demuestra que la aplicación del método etnográfico permite registrar datos relevantes sobre los efectos no-deseados de la acción de las instituciones. En el caso estudiado, el empleo del método etnográfico me ha permitido conocer los efectos no-deseados que el CMPM ha generado en las redes asociativas de los inmigrantes. En este sentido, podemos afirmar que el CMPM ha reforzado positivamente las dimensiones más institucionalizadas de la estructura política local, pero también ha contribuido ha crear tensiones entre las asociaciones de latinoamericanos y dentro de cada una de ellas. Esas tensiones, que pasan inadvertidas para otras formas de medición, sí son accesibles al método etnográfico. Principalmente porque este método nos permite recuperar la dimensión procesual de la vida política, así como contrastar los contextos políticos más institucionalizados con otros contextos decisivos para la actividad de las asociaciones de inmigrantes.

El trazado de un recorrido etnográfico por la historia del CMPM nos permite, en primer lugar, recoger la dimensión procesual de la vida política (Firth, 1957). El análisis diacrónico demuestra ser fundamental para comprender ciertas lógicas presentes entre las asociaciones de inmigrantes. En el caso estudiado, he intentado ilustrar cómo una iniciativa política diseñada desde las instituciones se va traduciendo en prácticas específicas, sucesivas en el tiempo, que no siempre generan los efectos deseados por las instituciones. Con frecuencia estas prácticas activan lógicas imprevistas que tienen un fuerte peso en la vida cotidiana de las asociaciones. Estas lógicas son percibidas por las instituciones como disfuncionales, precisamente porque no responden a los efectos previstos en su iniciativa política. El análisis procesual de dicha iniciativa, mediante la observación directa de redes y relaciones sociales a lo largo del tiempo, nos ha permitido comprender lógicas que no se corresponden con los efectos controlados que pretende la acción institucional.

El método etnográfico nos permite además observar las redes asociativas de los inmigrantes en una pluralidad de contextos. Es así como descubrimos efectos no-deseados de la participación en el CMPM, que no se manifiestan de un modo explícito en sus reuniones y que son por tanto difícilmente medibles para las instituciones. En dichas reuniones, el éxito del propio Consejo es certificado mediante una medición cuantitativa del número de asociaciones inscritas. Sin embargo, si atendemos las redes que sustentan a estas asociaciones en una diversidad de contextos observamos la emergencia en ellas de fisuras motivadas por las propias iniciativas de este Consejo. Un buen ejemplo lo tenemos en la política de apoyo financiero a las asociaciones que ha practicado el CMPM. Esta política pretende estimular la presencia física de asociaciones en las reuniones del Consejo, y ciertamente ha conseguido que muchas asociaciones aparezcan formalmente inscritas en el mismo. Pero al mismo tiempo esto ha generado relaciones de competencia entre inmigrantes, tanto hacia dentro de las asociaciones como entre ellas. Para poder ejercer como interlocutores en el CMPM, los dirigentes de las distintas asociaciones compiten entre sí. Y para competir, van asumiendo códigos especializados que van marcando a su vez un distanciamiento progresivo hacia las bases de sus propias asociaciones. Esa creciente incomprensión provoca el recelo de buena parte de los inmigrantes latinoamericanos, que ve a los dirigentes de las asociaciones como advenedizos que “hablan el lenguaje de las instituciones” en busca de ventajas personales. Algo similar ocurre con las actividades orientadas a visibilizar la otredad cultural de los inmigrantes. En este caso, la iniciativa institucional no ha recibido la respuesta entusiasta que perseguía. Ello ha sido rápidamente atribuido por los gestores del CMPM a una desmotivación y una desconfianza que identifican con las culturas de origen de los inmigrantes. Al observar cotidianamente y en una pluralidad de contextos las redes sociales de estas personas, el etnógrafo entiende que la desgana de los inmigrantes se genera, en gran medida, por los propios discursos sobre la identidad cultural que las instituciones construyen, y con los cuales los inmigrantes no se identifican.

Podemos concluir que el concepto de POS nos ofrece un marco para estudiar los efectos de las políticas de integración que impulsan las instituciones públicas. Sin embargo, aplicar una metodología inadecuada puede introducir un sesgo institucionalista en la investigación, que la lleve a medir exclusivamente aquellos efectos previstos por las propias instituciones. Para evitar este riesgo, es necesario asumir que la iniciativa institucional no necesariamente genera los efectos que persigue. El método etnográfico nos permite captar los efectos no-deseados que la acción institucional puede generar en las redes asociativas de los migrantes. Estos efectos no se manifiestan de manera inmediata, ni son observables en todos los contextos. Mediante la aplicación del método etnográfico, hemos podido observar las prácticas, discursos y relaciones de los inmigrantes a lo largo del tiempo y atendiendo a su variación entre diferentes contextos. Es este tipo de observación el que nos da acceso a efectos no-deseados, derivados de la participación en el Consejo y que lastran las redes asociativas de los latinoamericanos en Sevilla.

 

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Notas

1 Las políticas de integración y el multiculturalismo han sido objeto de numerosos trabajos en el Estado español durante los últimos años. Para una aproximación general a las políticas de integración en España, ver Zapata-Barrero (2008; 2010), López de Lera (2008) y Agrela y Gil (2005). Para un análisis reciente sobre las políticas de integración en Andalucía véase Moreno Maestro (2010). Para un análisis comparado entre las políticas de integración andaluzas y las de otras comunidades autónomas españolas, véase Solé e Izquierdo (2005).

2 Una primera versión de este trabajo fue presentada en el marco del congreso “New Migrations, New Challenges: Trinity Immigration Initiative International Conference” (Dublín, 30 de junio al 3 de julio de 2010).

3 MTAS 156/04, financiado por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales español, en el marco del Plan Nacional de I+D+i y a través del Instituto de la Mujer.

4 (AP2006-01515), financiado por el Ministerio de Educación español a través del Plan Nacional de Formación de Profesorado Universitario (FPU).

5 Instituto Nacional de Estadística: Padrón Municipal de Habitantes. Cifras de población referidas al 1 de enero de 2009.

6 En Sevilla se contabiliza a más de 29.000 no-nacionales empadronados a 1 de enero de 2008. De estos, alrededor de 12.800 (43%) son latinoamericanos.

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